A Belén le importó un bledo lo que él dijo. Olvidándose de su propia muñeca lastimada, lo agarró de la manga y alzó la cara para interrogarlo:
—Dime, ¿cómo te hiciste eso?
—Me corté sin querer, no es nada —respondió Tobías.
Mientras lo decía, intentaba soltarse del agarre de Belén.
Pero ella se aferraba con fuerza, negándose a soltarle la manga.
Al ver su determinación, Tobías se quedó quieto y dejó caer el brazo.
Belén dio un paso adelante y extendió la mano hacia su pecho para revisar, pero Tobías la interceptó a medio camino.
Bajó la cabeza y negó rotundamente.
—No veas.
Belén lo miró a los ojos y notó lo rojos que los tenía.
Tras un momento de desconcierto, dijo:
—Estás perdiendo mucha sangre, ¿qué más quieres ocultarme?
—Belén, no te quiero mentir —dijo él, obstinado.
Pero ella era más terca.
—Déjame ver.
Sin importar lo que Belén dijera, Tobías no cedía.
—De verdad, no hace falta. No me voy a morir.
Su comentario ensombreció aún más el rostro de Belén.
—Mañana es Año Nuevo, ¿por qué dices esas cosas tan feas?
Tobías podía sentir la preocupación de ella. Le dolía verla así, pero no quería mostrarle su vulnerabilidad.
—Ya no voy a decir nada. Vete a tu casa.
Belén ignoró olímpicamente su petición.
—Siéntate ahí y quédate quieto. Te voy a curar esa herida.
—No es necesario —insistió él.
Belén estalló de furia:
—¡Has perdido mucha sangre! Si no te tratas la herida ya, ¿quieres morirte desangrado o qué?
Estaba tan enojada que se le marcaban las venas del cuello y tenía los ojos llorosos.
Tobías quiso ceder, pero la idea de verse débil frente a ella lo detuvo.
—Yo me puedo curar solo. Salte.
Le dio la espalda, evitando mirarla.
—¿Cristian?
Tobías asintió al ver la incomprensión en su rostro.
—Sí.
Una ola de inquietud invadió a Belén.
—¿Y dónde está Cristian ahora?
—Dejemos que pase el Año Nuevo —respondió Tobías—. Mañana iré a poner la denuncia.
Belén se puso nerviosa.
—Pero si haces eso, ¿no te estarías poniendo en contra de Fabián y de toda la familia Rojas?
Los ojos de Tobías brillaron, húmedos y profundos. Con una voz suave y magnética, le dijo:
—¿Y acaso Fabián y yo no hemos sido siempre enemigos?
Belén captó la indirecta en sus palabras y se quedó boquiabierta.
—Tú...
La mirada de Tobías se enfrió de repente.
—Cristian mandó a Cintia Ramírez a golpearte. Solo por eso, ya lo tengo en la mira de por vida. Si yo ni siquiera me atrevo a alzarte la voz, ¿quién se cree él para mandar que te toquen un pelo?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....