Fabián le dio una respuesta, pero Belén ya no tenía ninguna esperanza.
A veces, cuanto más profunda es la esperanza, mayor es la decepción.
Ella tampoco quería preguntar nada más, y mucho menos quería escuchar la voz de Fabián.
Así que colgó el teléfono en silencio.
Camila estaba parada a un lado, mirando a Belén un poco aturdida y con los ojos llenos de dudas.
Al ver la mirada preocupada de Camila, Belén forzó una sonrisa y dijo:
—Camila, tú sabes algo sobre mi matrimonio con Fabián. Su corazón nunca ha estado conmigo. Que esto termine así entre nosotros es lo mejor.
Camila se quedó pasmada, sin poder decir una palabra.
Belén no se equivocaba, así que ella no tenía nada que replicar.
Sin embargo, aun así, Camila se quedó acompañando a Belén un rato.
Quería darle de comer a Belén, pero ella mostraba cierta resistencia.
Camila sabía que Belén no quería comer lo que ella había preparado por culpa de Fabián.
—Señora, esto lo hice yo, el señor no tocó nada. Puede odiarlo a él, pero mi intención es buena, no me odie a mí.
Al oír eso, Belén comió a regañadientes el desayuno que Camila le llevó.
Camila no se quedó mucho tiempo, tenía que regresar a empacar las cosas de Cecilia.
Cuando recogió los trastes y se disponía a irse, Belén preguntó de repente con duda:
—Camila, Cecilia ella...
Camila no entendió bien qué quería preguntar Belén y contestó:
—Señora, ¿qué pasa con la señorita Cecilia?
Belén quería preguntar por la reacción de Cecilia, pero se tragó las palabras que tenía en la boca.
Aunque supiera la reacción de Cecilia, eso no cambiaría nada.
Belén tenía un presentimiento; ese día, Cecilia claramente la había empujado a propósito.
Es más, incluso sintió la crueldad de Cecilia.
Tras pensarlo, Belén negó con la cabeza y dijo:
—Nada, vete con cuidado.
Camila notó que Belén quería decir algo más, pero como no quiso hablar, no insistió.
Tobías se acostó detrás de Belén, presionando todo su cuerpo contra ella y envolviéndola en sus brazos.
La cama del hospital era muy angosta, pero apenas cabían los dos, y entre sus cuerpos no quedaba ni un solo espacio.
Tobías enterró la cara en el cuello de Belén y sonrió con malicia:
—Cariño, qué rico hueles.
Su respiración y su calor eran como una pluma que la provocaba, haciendo que su corazón se acelerara y entrara en pánico.
Belén volvió a tensar el cuerpo y no dijo nada.
Tobías, al ver su silencio, la abrazó con más fuerza. Podía sentir su tristeza.
—¿En qué piensas? —le preguntó Tobías con una voz extremadamente suave.
Belén no quería responder:
—Tobías, ¿a qué viniste? ¿Te puedes bajar?
Tobías ignoró sus palabras y le preguntó:
—¿Estás triste porque el divorcio no salió bien?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....