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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 777

La pregunta directa de Belén, hecha sin inmutarse, oscureció aún más el rostro de Mariana.

—Ni siquiera puedes retener el corazón de tu hombre, ¿y todavía tienes el descaro de gritarme? Veo que se te subieron los humos. ¿Crees que nadie puede ponerte en tu lugar?

Belén sostuvo la mirada de Mariana con total franqueza y le respondió con sorna:

—¿Acaso su corazón es algo muy valioso? ¿Por qué tendría que cuidarlo? Ese corazón podrido no es algo que todo el mundo quiera. Las cosas que él hace son mucho más asquerosas y repugnantes que lo que yo haya hecho.

Apenas terminó de hablar, Mariana dio un paso al frente con la intención de golpearla.

Belén no le tenía miedo e hizo ademán de defenderse.

Pero Dolores llegó en dos zancadas y atrapó la mano de Mariana antes de que pudiera tocar a Belén.

—¡Señora, esto es un hospital, no el mercado para que venga a hacer sus escándalos!

Dolores le lanzó una advertencia fría y le soltó la mano con un empujón fuerte.

Mariana miró a Dolores con desdén y soltó con desprecio:

—¿Y tú quién te crees? Ah, ya sé, eres la trepadora que consiguió marido abriendo las piernas.

Dolores ni se inmutó; al contrario, la miró con una sonrisa desafiante.

Al ver que su cuñada no caía en provocaciones, Belén soltó una risa fría:

—Señora Mariana, tiene la boca muy sucia. Por favor, váyase, me está contaminando el aire.

La cara de Mariana cambiaba de color, del blanco al rojo de la ira. Sin piedad, contraatacó:

—¿De verdad crees que por haberte liado con la familia Galindo ya eres de la realeza?

Belén sonrió con burla:

—Yo tengo la conciencia tranquila. Soy limpia y honesta, no tengo nada que temer. En cambio, Fabián... ¿se atrevería a decir que tiene la conciencia limpia de todo lo que hace?

Mariana entornó los ojos y bufó:

—¿Me estás amenazando?

Aunque estaba pálida, Belén la miró con fiereza:

—Si se atreve a tocarme a mí o a mi cuñada hoy, le juro que subo a internet todo lo que sé sobre su precioso hijo. Me da igual si nos hundimos todos; yo puedo perder la reputación, pero ¿la familia Rojas puede darse ese lujo?

La mirada de Mariana se volvió sombría. Apretó los dientes y siseó:

—Belén, te has vuelto muy valiente. Hasta te atreves a amenazarme.

En ese momento, sonó el celular de Belén.

—Tienes tres días para enviarme el acuerdo de divorcio firmado. Si no, no respondo.

Al escuchar la palabra "divorcio", los ojos de Belén se iluminaron:

—El que no quiere divorciarse es su precioso hijo. Vaya y dígaselo a él. Si logra que acepte divorciarse, soy capaz de arrodillarme y besarle los pies a usted si quiere.

Mariana se quedó pasmada:

—Tú...

Belén amenazó sin rodeos:

—Si no se larga ya, llamo a la policía.

Mariana estaba cada vez más furiosa:

—Maldita, ¿crees que sin mí, esa tal Gabriela te va a aguantar? Te aviso que ella es mucho peor que yo.

Belén soltó una carcajada:

—Gracias por el aviso, pero no es su problema.

Al ver que Belén ya no le mostraba ni pizca de respeto, Mariana empezó a sentir que, tal vez, a ella de verdad ya no le importaba Fabián y realmente quería dejar a la familia Rojas.

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