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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 785

Mansión Armonía.

Por la mañana, Camila despertó a Cecilia.

Los fines de semana no podía dormir, pero entre semana no había quien la levantara.

Al abrir los ojos, se sentía de malas, sin ninguna gana de ir al kínder.

Pero al ver que se hacía tarde, se levantó a regañadientes.

Cuando bajó las escaleras después de asearse, Frida entraba justo desde el vestíbulo.

Al ver a Frida, Cecilia se sintió un poco aturdida. Se frotó los ojos con sus manitas regordetas para asegurarse de que era ella.

—Señorita Frida.

Cecilia corrió hacia ella y la abrazó con fuerza.

Frida se agachó, le acarició la cabeza y le dijo con dulzura:

—Cecilia, ¿me extrañaste?

Cecilia tenía la nariz roja.

—Sí, mucho, muchísimo.

Frida juntó su frente con la de la niña.

—Yo también te extrañé, Cecilia.

En ese momento, Fabián entró también.

A veces salía a correr por las mañanas. Llevaba ropa deportiva y estaba cubierto de sudor; se notaba que había hecho ejercicio.

Esos últimos dos días, Fabián había sentido una pesadez constante en el corazón, sin saber muy bien por qué.

Él mismo se daba cuenta de que estaba posponiendo el tema del divorcio.

Podría haberlo resuelto yendo al registro civil, pero lo retrasaba una y otra vez.

Siempre pensó que Belén bromeaba, pero cada respuesta de ella le confirmaba implacablemente que quería divorciarse de verdad.

Cuanto más consciente era de eso, más dudaba si debía divorciarse o no.

Cecilia era muy pequeña, ¿cómo podía quedarse sin mamá?

Fabián no lograba decidirse, así que solo dejaba pasar el tiempo.

Al entrar al salón, no notó a Frida ni a Cecilia al principio.

Hasta que Cecilia lo llamó:

Frida sabía perfectamente cómo se había hecho esos moretones y no quería imaginar qué pasaría si Fabián investigaba.

Hizo el ademán de revisar a la niña.

—Cecilia, déjame ver.

Cecilia se resistió un poco, pero dejó que Frida lo hiciera.

Fabián se dio la vuelta, dándole la espalda a Cecilia.

No era que no quisiera preocuparse por su hija, pero Belén le había dicho desde hacía tiempo que, como Cecilia era niña, él no debía mirarla cuando se cambiaba o bañaba.

Él consideraba que era lo correcto para que Cecilia entendiera las diferencias de género desde pequeña.

A sus espaldas, Frida fingió revisarla, se levantó y le dijo:

—Fabián, acabo de verla. Los moretones no son graves, solo necesita descansar y comer ligero estos días; se curará pronto.

Al escuchar esto, Camila insistió preocupada:

—Señor, creo que sería mejor ir al hospital, así estaríamos más tranquilos si la ve un médico.

Frida se volvió hacia Camila con una sonrisa radiante y preguntó:

—Camila, al decir eso, ¿estás dudando de mi capacidad profesional?

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