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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 794

Las palabras de Lucas se clavaron en el corazón de Fabián.

Fabián se quedó allí parado, incapaz de dar un paso más. Tenía las manos caídas a los costados, con los puños apretados con fuerza.

Después de un largo rato, finalmente se dio la vuelta y le gritó a Lucas:

—¿Ya terminaste?

—No, no he terminado —respondió Lucas.

—¡Cállate! —bramó Fabián, perdiendo la paciencia.

Pero Lucas, como si no lo oyera, siguió diciéndole:

—Fabián, al final de cuentas, tú eres el único culpable de que las cosas estén así. Belén te amaba tanto al principio, ¿y alguna vez la miraste de verdad?

—Es justo ahora que se quiere divorciar cuando se te ocurre mirarla, cuando recuerdas que tienes una esposa. En realidad, no la amas a ella, y tampoco amas a Frida. Lo que amas es la sensación de lo inalcanzable. Cuanto más fácil es obtener algo, menos lo quieres. Tú...

Lucas no pudo terminar. Fabián se alejó a zancadas, se subió al coche y arrancó.

El vehículo salió disparado y desapareció en un instante.

Lucas se quedó en su lugar, abatido y desanimado.

Sabía que sus palabras habían sido duras, pero si él no se las decía, nadie más se atrevería a hacerlo.

Mientras conducía, Fabián sostenía el volante con una mano y con la otra encendió un cigarro. En su cabeza resonaban una y otra vez las palabras de Lucas y la imagen de Tobías inclinándose para besar a Belén.

Sentía el pecho oprimido, como si cargara una piedra enorme.

Al salir del estacionamiento, bajó la ventanilla.

El viento entró, despeinándole el cabello y revolviéndole aún más los pensamientos.

No sabía si era por el humo del cigarro, pero se le humedecieron los ojos.

Al pensar en Belén, inexplicablemente volvió a recordar lo que dijo Lucas.

¿Que le gustaba?

Belén apretó ligeramente los labios y dijo en voz baja:

—No es culpa tuya. Aunque no hubiera pasado lo de hoy, él no me daría el divorcio tan fácilmente.

El periodo de espera para el divorcio ya había pasado hacía tiempo y Fabián seguía dándole largas. ¿Cómo no iba a darse cuenta Belén?

Mirándola con ternura, Tobías dijo:

—Tranquila, yo te voy a acompañar. Si él no acepta el divorcio, te acompañaré a demandarlo. Esteban es un gran abogado, ha ganado muchos casos. Dejaremos que él se encargue de tu juicio.

Belén se secó las lágrimas de la cara y le dedicó una sonrisa suave a Tobías:

—Gracias.

Tobías, al verla tan gentil, sintió el impulso de abrazarla.

Pero la voz de Fabián resonó de nuevo en sus oídos.

Reprimió sus deseos. Pensó que debía esperar a que ella estuviera divorciada de Fabián para poder cortejarla abiertamente.

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