Al escuchar a su padre, Cecilia hizo un puchero, inconforme:
—Claro que lo es, la señorita Frida es mi mamá. En cuanto te cases con ella, será mi mamá.
Pero Fabián no quería escuchar nada de eso. La reprendió en voz baja:
—Basta, no quiero que vuelvas a mencionar ese tema.
Cecilia sintió el enojo de su padre, enganchó su manita en los dedos de él y preguntó:
—Papá, ¿qué tienes?
Fabián se dio cuenta de que su actitud no había sido la mejor. Levantó a Cecilia en brazos y le dijo con voz suave:
—Papá te va a llevar a comer hamburguesas.
Cecilia no se negó, pero tampoco se alegró mucho.
Llegaron al centro comercial. Fabián pidió las hamburguesas y acompañó a Cecilia, pero ninguno de los dos sonreía.
Cecilia no se terminó la hamburguesa y Fabián no la obligó. La cargó y salieron del lugar.
Cuando regresaron a la Mansión Armonía, Camila seguía ocupada en la cocina haciendo la cena.
Frida estaba sentada en la sala, viendo videos en su celular.
Al escuchar ruido en la entrada, se levantó:
—Fabián, Cecilia, ya llegaron.
Cecilia corrió hacia ella y se abrazó a sus piernas.
—Señorita Frida, mi papá estuvo muy enojón hoy —le susurró Cecilia.
Al oír eso, Frida miró instintivamente a Fabián; lo vio con el rostro sombrío, sin una pizca de sonrisa.
Frida le acarició la mejilla a la niña y le dijo con dulzura:
—Papá está de mal humor, tienes que entenderlo.
Cecilia no respondió a eso, solo le pidió:
—De ahora en adelante ven tú por mí, ¿sí? A los otros niños los recogen sus mamás, yo quiero que tú vayas por mí.
Frida asintió y le regaló una sonrisa tierna:
—Está bien.
Al ver la cercanía entre Cecilia y Frida, Fabián no dijo nada, pero sintió una opresión en el pecho y subió las escaleras.
Camila, al escuchar el alboroto, salió apresuradamente. Al ver que Fabián y Cecilia habían regresado, dijo un poco nerviosa:
Después de arreglar todo eso, salió del cuarto de la niña y fue al de Fabián.
Tocó la puerta y la voz de él resonó desde adentro:
—Adelante.
Frida entró y vio a Fabián sentado frente al ventanal, con una copa de vino tinto en la mano. Su reflejo en el cristal mostraba un rostro sin sonrisa, visiblemente preocupado.
Al pasar junto a la mesa, Frida vio el acta de matrimonio entreabierta; adentro había una foto con fondo rojo de Fabián y Belén.
En la foto, Fabián estaba serio, mientras que Belén sonreía dulce y gentilmente.
En ese entonces, sus estados de ánimo eran opuestos, igual que ahora.
Frida se acercó y preguntó con suavidad:
—Fabián, has estado pensativo todo el día, ¿qué pasa? ¿Tienes algún problema?
Fabián no quiso hablar. Se terminó el vino de un trago y la corrió con voz fría:
—Nada. Sal de aquí.
Al ver que la rechazaba una y otra vez, Frida sintió que ya no podía aguantar más. Se mordió el labio y preguntó:
—¿Estás pensando en la señorita Belén?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....