Al ver que se iba, Belén se apresuró a llamarlo:
—Fabián.
Fabián detuvo sus pasos, pero no volteó ni dijo una palabra.
Belén miró su espalda y se levantó lentamente.
Debido a su problema en la pierna, se apoyaba en una muleta con una mano.
Al rodear a Fabián y ponerse frente a él, Belén sacó un fajo de billetes de su bolso.
Antes de que comenzara el juicio, Esteban ya le había hablado de dos posibilidades.
Una: que Leandro quedara detenido por unos meses.
Dos: que Leandro fuera declarado inocente, pero tuviera que indemnizar a Fabián.
De igual manera, Esteban había dicho que tenían un noventa por ciento de probabilidades de ganar el juicio de hoy.
Por eso, antes de venir, Belén había preparado el dinero en su bolso.
Sacó el fajo de billetes y, sin contarlos, extendió la mano hacia Fabián y le dijo:
—Este es el dinero de tu indemnización.
Fabián miró el dinero que Belén le ofrecía y frunció el ceño momentáneamente.
Pasó un rato y Fabián no extendió la mano para tomarlo, pero tampoco se fue.
Entonces, al instante siguiente, Belén soltó el dinero. Los billetes cayeron al suelo, esparciéndose por todas partes.
Ella siguió mirando a Fabián, pero tenía los ojos enrojecidos.
Fabián también la miró, con una expresión llena de desdén.
—¿Quieres humillarme? —preguntó.
Las lágrimas brotaron de los ojos de Belén. Al recordar cómo Fabián había humillado a sus padres aquella noche, sintió una punzada en el corazón.
Negó con la cabeza y le dijo:
—Fabián, yo no soy como tú. Yo no sé cómo humillar a la gente.
Fabián miró los billetes esparcidos por el suelo y soltó una risa incrédula.
—Entonces, ¿qué estás haciendo?
—Es el dinero de tu indemnización —repitió Belén.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....