La voz de Tobías se coló en sus oídos y, aunque Belén no estaba físicamente con él, sintió cómo le ardía la cara de vergüenza.
Sintió que el corazón se le detenía un instante y, al siguiente, lo regañó con tono molesto:
—Tobías, ¿no tienes vergüenza?
Tobías no se había cohibido ante nadie en la sala de juntas, y el regaño de Belén se escuchó con claridad, así que todos los presentes fueron testigos del coqueteo.
La reunión se detuvo, y los empleados comenzaron a murmurar entre ellos.
Aunque nadie alzaba la voz, en sus miradas de duda se leía la curiosidad por aquella escena tan «dulce».
Tobías se recargó en el respaldo de la silla, haciendo girar un bolígrafo entre los dedos como si fuera una flor. Miraba con una sonrisa radiante a Belén, que en la pantalla se ponía cada vez más roja, y curvó ligeramente los labios.
Justo cuando iba a decir algo más, Belén le colgó la llamada sin previo aviso.
Al escuchar el tono de finalización, Tobías no mostró ni pizca de incomodidad. Giró la cabeza, barrió con la mirada a todos en la mesa de conferencias y explicó con total naturalidad:
—Así son las mujeres, traviesas. Se enojan por cualquier cosa, es normal.
Se justificaba con aire despreocupado, sin darse cuenta de que en su cara todos leían la palabra «mandilón».
Tobías guardó el celular y estaba a punto de ordenar que continuara la reunión, cuando alguien no pudo aguantarse y preguntó directamente:
—Señor Galindo, ¿con quién hablaba?
Al escucharlo, Tobías no lo ocultó. Arqueó una ceja y admitió con franqueza:
—Con mi mujer, ¿qué no es obvio?
Tras la confirmación de Tobías, la sala estalló en comentarios.
—Señor Galindo, ¿cuándo se consiguió esposa?
—Jefe, ¿por fin sentó cabeza?
—¿Quién es la desafortunada?
—Señor Galindo, ¿no va a organizar una fiesta para presentarnos a la patrona?
—Felicidades, jefe, por fin dejó la soltería.
Todos hablaban al mismo tiempo y Tobías ni siquiera podía meter baza.
Al ver que no tenía oportunidad de hablar, Tobías se quedó callado, recargado en su silla, dejando que discutieran a sus anchas.
Cuando se cansaron de especular, abrió la boca para reanudar la sesión.
Pero antes de que pudiera pronunciar palabra, alguien preguntó en voz alta:
—Señor Galindo, ¿de qué familia es la señora?
Al oír esto, Tobías estuvo a punto de revelar el nombre de Belén, pero se detuvo en seco.
Belén aún no se había divorciado de Fabián. Si mencionaba su existencia imprudentemente, solo generaría más chismes malintencionados.
—No.
Al ver su habitual indiferencia, Camila no preguntó más.
Desde afuera, llegó Frida.
También se había levantado temprano porque la noche anterior le había prometido a Cecilia que la llevaría al kínder.
Aunque vivían muy cerca, como estaba nevando, Frida traía un paraguas transparente.
Hoy llevaba un abrigo color caqui sobre un vestido largo negro y unas botas de media caña. Debido al frío, se había puesto una bufanda del mismo tono del abrigo.
Antes de salir se había arreglado con esmero, así que lucía radiante y hermosa.
Al empujar la puerta y entrar al vestíbulo de la Mansión Armonía, los copos de nieve en el paraguas se derritieron con el calor de la casa. Lo sacudió hacia afuera antes de meterlo y dejarlo en un rincón.
Ver a Fabián sentado en la sala la tomó por sorpresa.
Se cambió los zapatos y, mientras caminaba hacia la sala, lo llamó suavemente:
—¿Fabián?
Fabián levantó la cabeza y miró a Frida acercándose.
Asintió levemente.
—Mmm.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....