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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 847

Mariana estaba de pie en la entrada de la Mansión Armonía. Debido a la embestida de Cecilia, perdió el equilibrio y estuvo a punto de irse de bruces por las escaleras.

Había una columna al lado. Mariana, con reflejos rápidos, se aferró a ella y logró evitar la caída.

Una vez que recuperó el equilibrio, miró a Cecilia con incredulidad y le reclamó con severidad:

—Cecilia, ¿quién te enseñó a hablarle así a tus mayores?

Cecilia se paró frente a Frida, como si fuera una pequeña adulta, mirando a Mariana con indignación y gritando con desprecio:

—Tú golpeaste a la señorita Frida. Eres una mala mujer. Una bruja.

Mariana se enfureció aún más.

—Dime, ¿fue Belén quien te enseñó a decir eso?

Cecilia extendió sus manitas para bloquear a Mariana, protegiendo a Frida detrás de ella, y le gritó:

—Eres igual que la mamá mala. Las dos son personas malvadas, las dos son gente mala, ¡las dos son igual de odiosas!

Mariana se puso pálida del coraje.

—Tú...

No podía creerlo, así que se volvió hacia Fabián y le dijo:

—¿Vas a dejar que Belén eche a perder a tu hija de esta manera?

Fabián no tenía ninguna intención de prestarle atención a Mariana. Miró a Frida y a Cecilia y dijo:

—Vámonos, entremos.

Al ver que Fabián no solo no se enojaba, sino que defendía la actitud de Cecilia, Mariana no pudo evitar gritarle:

—Fabián, ¿sabes lo que estás haciendo? Estás malcriando a una niña.

Pero Fabián trató las palabras de Mariana como si fueran aire. Tomó a Cecilia de la mano, y la niña, a su vez, enganchó su mano con la de Frida. Los tres caminaron juntos hacia el interior de la Mansión Armonía.

Después de entrar, Fabián se dio la vuelta y cerró la puerta de un golpe.

En el momento en que la puerta se cerraba, Cecilia le hizo un gesto de desprecio a Mariana y movió los labios para decirle: «Vieja bruja».

Mariana se adelantó e intentó entrar por inercia, pero justo cuando llegó al umbral, la puerta se cerró en sus narices.

Por poco le aplasta la cabeza.

Mariana tuvo que retroceder. Golpeó la puerta con rabia y gritó:

—¡Fabián, ábreme la puerta!

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