Tobías se sacudió la nieve y la tierra de la ropa, se puso de pie y comenzó a empujar la silla de Belén.
Mientras salían del cementerio, no dijo una sola palabra.
Belén iba sentada en la silla de ruedas con el corazón en un puño. Varias veces intentó decir algo, pero sabía que ninguna palabra cambiaría la situación actual.
Lo pensó mejor y prefirió guardar silencio.
Al llegar al coche de Luis, Tobías cargó a Belén y la acomodó en el asiento.
Entonces, bajó la cabeza, le sostuvo el rostro entre las manos y depositó un suave beso en su frente.
Al terminar, hizo ademán de cerrar la puerta.
Belén lo llamó apresuradamente:
—Tobías.
Él detuvo el movimiento, bajó la vista hacia ella y preguntó con la mirada llena de dudas:
—¿Mande?
—No dejes que te lastimen —dijo Belén.
Tobías sonrió levemente y respondió en voz baja:
—Está bien, te lo prometo. Regresaré sano y salvo a tu lado. Siempre cumplo lo que te prometo.
Al ver que iba a cerrar la puerta de nuevo, Belén le agarró el borde del saco y le suplicó con la mirada:
—Cuídate mucho, por favor.
Tobías asintió.
—Lo haré.
Dicho esto, cerró la puerta con suavidad.
Belén, sentada en el asiento trasero, observó a Tobías a través de la ventana. Él se dio la vuelta y le dijo a Luis:
—Lleva a Belén a salvo a la Residencia Soler y luego regresa a buscarme.
—Sí, señor Galindo —respondió Luis.
—Vete ya.
Tobías le hizo una seña a Luis con la mano y regresó caminando hacia el cementerio.
Luis subió al auto y arrancó.
Durante todo el trayecto de regreso a la Residencia Soler, Belén no pudo calmar su ansiedad.
Tras pensarlo mucho, no pudo aguantarse y le preguntó a Luis:
—¿Qué va a hacer?
Luis negó con la cabeza.
—No lo sé.
Y añadió:
Dolores retiró la mano.
Al voltear, cayó en la cuenta de lo que pasaba y preguntó con tono burlón:
—¿Qué? ¿Estás esperando al señor Tobías?
Belén no lo negó; al contrario, asintió.
—Sí.
Dolores se quedó pasmada un instante. Al notar que el estado de ánimo de Belén no era el mejor, preguntó con preocupación:
—¿Pasa algo?
Belén negó con la cabeza.
—Nada, cuñada. Ve a descansar, yo también ya me voy a dormir.
Dolores entendió la indirecta y no preguntó más, aunque se quedó preocupada.
En cuanto Dolores salió de la habitación, sonó el celular de Belén.
Miró la pantalla con esperanza, pero no era Tobías. Era Alejandra.
—Bueno —contestó Belén con la voz llena de decepción.
Alejandra notó que algo andaba mal.
—¿Qué traes? ¿Te pone triste escuchar mi voz?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....