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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 878

Tobías se sacudió la nieve y la tierra de la ropa, se puso de pie y comenzó a empujar la silla de Belén.

Mientras salían del cementerio, no dijo una sola palabra.

Belén iba sentada en la silla de ruedas con el corazón en un puño. Varias veces intentó decir algo, pero sabía que ninguna palabra cambiaría la situación actual.

Lo pensó mejor y prefirió guardar silencio.

Al llegar al coche de Luis, Tobías cargó a Belén y la acomodó en el asiento.

Entonces, bajó la cabeza, le sostuvo el rostro entre las manos y depositó un suave beso en su frente.

Al terminar, hizo ademán de cerrar la puerta.

Belén lo llamó apresuradamente:

—Tobías.

Él detuvo el movimiento, bajó la vista hacia ella y preguntó con la mirada llena de dudas:

—¿Mande?

—No dejes que te lastimen —dijo Belén.

Tobías sonrió levemente y respondió en voz baja:

—Está bien, te lo prometo. Regresaré sano y salvo a tu lado. Siempre cumplo lo que te prometo.

Al ver que iba a cerrar la puerta de nuevo, Belén le agarró el borde del saco y le suplicó con la mirada:

—Cuídate mucho, por favor.

Tobías asintió.

—Lo haré.

Dicho esto, cerró la puerta con suavidad.

Belén, sentada en el asiento trasero, observó a Tobías a través de la ventana. Él se dio la vuelta y le dijo a Luis:

—Lleva a Belén a salvo a la Residencia Soler y luego regresa a buscarme.

—Sí, señor Galindo —respondió Luis.

—Vete ya.

Tobías le hizo una seña a Luis con la mano y regresó caminando hacia el cementerio.

Luis subió al auto y arrancó.

Durante todo el trayecto de regreso a la Residencia Soler, Belén no pudo calmar su ansiedad.

Tras pensarlo mucho, no pudo aguantarse y le preguntó a Luis:

—¿Qué va a hacer?

Luis negó con la cabeza.

—No lo sé.

Y añadió:

Capítulo 878 1

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