Sabía que él había llevado a Fabio Pérez a jugar.
A Belén aún le faltaban unos veinte minutos para llegar al centro comercial y temía que Tobías esperara demasiado, así que dijo:
—Son solo unos pasos, cuelga tú. Pásala bien con Fabio.
En cuanto dijo eso, Tobías notó que algo andaba mal, pero no la desenmascaró. Simplemente dijo:
—Fabio dice que quiere que juegues con él.
Dicho esto, Tobías llamó a Fabio un par de veces.
Poco después, Belén escuchó la voz del niño:
—Padrino, ¿qué pasa?
A través de la pantalla, Belén no podía ver la expresión de Tobías, pero escuchó su voz:
—¿No dijiste que extrañabas a tu madrina?
Fabio pareció reaccionar; soltó un par de «ah» y luego se apresuró a confirmar:
—Sí, extraño a mi madrina.
Al escucharlo, Belén soltó una risa:
—Fabio, no escuches al señor Tobías. No tienes que decir cosas que no sientes solo por él.
La voz limpia e inocente de Fabio respondió:
—No es mentira, de verdad extraño a mi madrina.
Belén no sabía si debía corregirlo por llamarla «madrina».
Pero pensándolo bien, decidió dejarlo pasar.
—¿Madrina? —llamó Fabio con cautela al ver que Belén no respondía.
Belén volvió en sí:
—Sí, aquí estoy.
Fabio preguntó con seriedad:
—¿Puedes venir a jugar conmigo?
Recordando su estado actual, Belén se negó:
—A jugar no voy a ir.
El tono de Fabio se llenó de decepción:
—Bueno, está bien.
Pero al instante, Belén añadió de repente:
—Pero si quieres ir a mi casa de visita, eres muy bienvenido.
Al oír eso, Fabio gritó un «¡SÍ!» emocionado, pero luego pareció recordar algo y preguntó con timidez:
—¿Y puedo llevar a mi padrino también?
Belén se quedó un momento en silencio y respondió:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....