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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 934

Leandro no pudo contener la risa ante las palabras de Fabián:

—¿Esposo? ¿Qué clase de esposo? Eso es solo un título en un papel. ¿Acaso sirve de algo? ¿Importa de verdad?

Y él mismo se respondió:

—No importa en lo absoluto.

Dicho esto, amagó con cerrar la puerta de un tirón.

Pero justo un segundo antes de que cerrara por completo, Fabián puso una mano de golpe y la detuvo.

Leandro levantó la vista para mirarlo y preguntó con expresión amenazante:

—¿Qué más quieres?

Fabián mantuvo un tono desafiante:

—Déjame entrar. Tengo que verla.

La respuesta de Leandro fue igual de tajante que al principio:

—¡Ni en tus sueños!

Al escucharlo, Fabián intentó negociar de inmediato:

—Si me dejas pasar, te prometo que de ahora en adelante todas las transacciones de mi empresa pasarán por tu financiera.

Ante tremenda oferta, Leandro soltó una risotada sarcástica:

—¿De verdad crees que me importa tu cochino dinero?

La mirada de Fabián se afiló y contraatacó con voz baja y amenazante:

—Entonces no me culpes si convenzo a todas las demás empresas de que dejen de hacer negocios con ustedes.

Leandro rió con más ironía aún. Lo miró a los ojos y soltó:

—¿Me estás amenazando?

Fabián no dudó ni un segundo en responder:

—Así es.

A Leandro el comentario le resbaló por completo:

—Si crees que puedes hacerlo, adelante. Ojalá logres que nadie vuelva a trabajar conmigo. Pero, ¿y qué si lo consigues? A lo mucho mi familia y yo nos iremos de Páramo Alto. El mundo es muy grande; debe haber algún lugar al que tus sucias influencias no puedan llegar.

La respuesta de Leandro tomó a Fabián por sorpresa:

—Leandro, tú...

Leandro lo fulminó con la mirada y lo interrumpió:

—¿Se te ofrece algo más? Si no es así, tengo cosas mejores que hacer.

Y sin más preámbulos, cerró la puerta de un portazo.

El golpe fue tan fuerte que el estruendo le dejó a Fabián un zumbido en los oídos.

Tras recibir semejante desaire en su propia cara, apretó los puños con rabia.

—Señor Galindo, ¿a quién busca?

Tobías se frenó en seco, haciendo que el hombre estuviera a punto de chocar con su espalda.

El mayordomo jadeó, mirándolo con absoluta confusión.

Tobías volteó hacia él y le dijo con frialdad:

—Busco a la señorita Florencia.

Al escuchar ese nombre, el rostro del empleado se iluminó y comentó:

—Señor Galindo, la señorita siempre habla de usted. Si se entera de que vino a verla, se va a poner muy feliz.

Una sonrisa amarga se dibujó en los labios de Tobías y preguntó:

—¿En serio?

El hombre asintió enérgicamente:

—Claro que sí.

La sonrisa de Tobías se volvió aún más marcada, casi cínica:

—Excelente. Déjame entrar entonces. Tengo muchas ganas de ver qué tan feliz se pone.

El mayordomo se hizo a un lado y le indicó el camino con la mano:

—Por aquí, por favor, señor Galindo. La señorita se encuentra en su habitación en el segundo piso.

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