Tobías guardó silencio y se limitó a seguir al mayordomo hasta la sala principal de los Chávez.
Orlando Chávez no estaba en casa; en la planta baja solo había un par de trabajadores ocupándose del aseo.
El mayordomo señaló hacia las escaleras y le murmuró:
—Señor Galindo, la habitación de la señorita está justo arriba. Si gusta subir...
Tobías no respondió, solo asintió levemente y enfiló hacia la segunda planta.
Al llegar arriba, dio un vistazo rápido al pasillo y de inmediato identificó el cuarto de Florencia.
Se detuvo frente a la puerta y dio unos toques secos.
Desde el interior, la voz de Florencia sonó con evidente fastidio:
—¿Quién es? ¿Qué no avisé que no quería que nadie me molestara?
Tobías respondió con tono gélido:
—Soy yo. Tobías.
Bastaron esas pocas palabras para que unos apresurados pasos se escucharan dentro de la habitación.
Cuando Florencia abrió y vio que de verdad se trataba de Tobías, su molestia desapareció por completo.
—Tobías... —susurró. Sus ojos se enrojecieron y las lágrimas comenzaron a asomar.
Antes de que Tobías pudiera siquiera abrir la boca, Florencia se abalanzó hacia él.
Pero, justo una fracción de segundo antes de que ella lograra refugiarse en sus brazos, Tobías estiró las manos y la detuvo sujetándola por los hombros.
Florencia levantó la vista para mirarlo y preguntó totalmente consternada:
—¿Q-qué pasa?
Tobías la soltó. Conteniendo toda la furia que llevaba por dentro, le indicó con una fingida calma:
—Entremos a platicar.
Al escuchar esa propuesta, la sonrisa volvió a iluminar el rostro de la chica.
Se hizo a un lado a toda prisa y lo invitó a pasar:
—Sí, claro, adelante.
Al mismo tiempo, intentó tomarle la mano, pero Tobías dio un paso esquivándola con disimulo.
Tobías soltó otra carcajada fría. Se volteó hacia donde ella había caído y le lanzó una pregunta en voz baja:
—¿Segura que no sabes de qué estoy hablando?
Florencia asintió temblorosa:
—Lo juro.
Tobías caminó hacia la cama y le extendió la mano.
Al ver esa mano fuerte y varonil, Florencia olvidó sus miedos por un segundo y le entregó la suya sin dudarlo.
Pero, al instante siguiente, Tobías dio un jalón brusco que la levantó de la cama con violencia.
Y antes de que pudiera reaccionar, le agarró la mandíbula con firmeza.
El apretón fue tan fuerte que Florencia hizo una mueca de dolor, y las lágrimas comenzaron a brotar por sus mejillas.
Tobías no mostró la menor compasión; de hecho, apretó todavía más su agarre.
Al mismo tiempo, sacó su celular con la otra mano. Desbloqueó la pantalla y, poniéndosela casi pegada a los ojos, le exigió con furia:
—¡Míralos bien! ¿Los reconoces o no?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....