Belén se alegraba sinceramente por ella, así que levantó su copa para chocarla contra la suya.
—Pilar, me da mucho gusto por ti. Tienes tus propios planes y metas claras. Eres libre y vales muchísimo. Pase lo que pase, no dejes de ser tú misma.
Pilar le sonrió de oreja a oreja.
—Gracias, Belén. De ahora en adelante, avanzaremos juntas en el camino de la medicina.
Belén asintió.
—Claro que sí.
Dicho eso, se llevó el vaso a los labios y se tomó todo el licor de un solo trago. Al verla, Pilar hizo lo mismo y vació el suyo.
Aunque al principio Belén había prometido tomar solo una copa, la emoción del momento la atrapó y, sin darse cuenta, terminó acompañando a Pilar con tres rondas de tequila.
Tres caballitos repletos equivalían a casi media botella de licor. La mayor cantidad que Belén había tomado en su vida no superaba eso; ese era su límite absoluto. Un trago más y caería rendida. De hecho, a esas alturas, ya tenía las mejillas completamente encendidas.
El aguante de Pilar tampoco era ninguna maravilla. Con esos tres vasos ya estaba bastante tomada. Agarró a Belén del brazo y empezó a hablar por los codos.
—Belén, te lo juro... no estoy borracha. Todavía puedo tomar más. Platicar contigo me hace tan feliz. ¡Quiero otro traguito!
Hizo el amago de agarrar la botella para servirse, pero Cristian le detuvo la mano al instante.
—Ya párale, Pilar. Ya estás tomada —le advirtió.
Pilar levantó el rostro para mirarlo. Con los ojos desenfocados, le reprochó:
—No digas tonterías. El borracho eres tú.
Cristian no soportó más. Se puso de pie, la jaló del brazo y sentenció:
—Ya basta, te llevo a la casa. No aguantas nada y le sigues metiendo. Encima te pones necia. ¿Quién te va a soportar así en el futuro?
Pilar hizo un puchero y le contestó:
—El que no aguanta nada eres tú.
Para evitar seguir peleando, Cristian simplemente la cargó a la fuerza. Luego, se giró hacia Fabián:
—Fabián, me llevo a mi hermana. Deberías irte temprano tú también.
—Suéltame.
Pero Fabián, lejos de soltarla, se levantó en ese momento y le dijo con un tono gélido:
—Estás borracha. Yo te llevo.
¿Llevarme? ¿Llevarme a dónde?
Por un instante, Belén se puso a analizar seriamente esa pregunta en su mente nublada.
Sin embargo, Fabián no le dio tiempo de procesarlo y se inclinó, listo para levantarla en brazos. Justo cuando las manos de él se acercaban, Belén gritó a todo pulmón:
—¡Tobías!
No había terminado de pronunciar el nombre cuando la puerta del reservado se abrió de una patada violenta. Belén volteó asustada y vio a Tobías, envuelto en un abrigo negro, parado en el umbral. Entró con pasos firmes, se acercó a ellos y, con una actitud dominante e imponente, apartó la mano de Fabián de un empujón.
Sin la menor cortesía, enfrentó a Fabián:
—No se moleste, Fabián. Yo me encargo de cuidar a mi mujer.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....