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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 960

Si hubieran sido cien mil, seguro podría pagarlo, pero novecientos ochenta mil...

Al ver cómo se le ponían las orejas rojas y agachaba la cabeza, Tobías no pudo evitar sonreír. Acercó su celular para pagar y le dijo a la cajera:

—Cóbramelo a mí, mi mujer todavía no me controla la cartera.

Al escuchar eso, la vendedora volvió a sonreír de oreja a oreja y les soltó un cumplido:

—¡Qué detallista es el señor! Qué afortunada es usted.

En cuanto pasó el cobro, la empleada se puso todavía más amable:

—Señor, cuando tengan tiempo, traiga más seguido a su esposa, tenemos muchas cosas en la tienda que le quedarían de maravilla a ella.

Tobías no le prestó mayor atención a la mujer; en lugar de eso, volteó a ver a Belén. Al notar que tenía el ceño ligeramente fruncido, amplió su sonrisa y le dijo:

—Si no nos vamos ahorita, sí se nos va a hacer tarde para el juzgado.

Tras decir eso, Belén por fin echó a andar para salir del local.

Tobías fue detrás de ella y, sin pedir permiso, la tomó de la mano.

Belén se le quedó viendo y él también se quedó clavado en ella. Sus miradas se cruzaron; Tobías seguía sonriendo.

Cuando bajaron a la planta baja, pasaron por la sección de cosméticos.

Tobías notó que, aunque Belén se veía hermosa con esa ropa, le faltaba un poquito de color en la cara, así que decidió elegirle él mismo un brillo labial.

Con su piel tan blanca, bastaba un toque de maquillaje para hacer resaltar toda la belleza de sus facciones.

De la mano de Belén, Tobías caminaba con la frente en alto, sintiéndose el más suertudo del mundo, como si estuviera presumiendo un tesoro invaluable.

Al sentir cómo él parecía gritarle al mundo que ella era suya, a Belén le dio un poco de pena. Le dio un jaloncito en la mano y le susurró:

—Tobías, ¿por qué caminas con la cabeza tan arriba?

Tobías volteó a mirarla y, subiendo a propósito el volumen de su voz, le respondió:

—Pues claro que camino así. ¿A poco a Tobías no se le hizo andar con la mujer que quería?

A Belén se le subieron los colores a la cara y agachó la mirada; deseó con toda su alma traer una gorra puesta para esconderse.

Tobías se rio por lo bajo al ver la vergüenza que cargaba.

Al oírlo, Belén soltó un largo suspiro de resignación.

—Pues ni modo.

Tobías, al verla tan decaída, le acarició la cabeza y le dijo con suavidad:

—Pase lo que pase hoy, con el simple hecho de estar aquí, ya estás dando el primer paso para una nueva vida.

Belén entendió que no ganaba nada dándole vueltas al asunto, así que se obligó a dejar de pensar en eso.

Los dos subieron los escalones para entrar a los juzgados.

Justo al terminar de subir los últimos escalones, Belén y Tobías aparecieron agarrados de la mano en la puerta del edificio.

Y en el momento en el que llegaron, ambos vieron a Fabián, que estaba ahí parado, fumándose un cigarro en la entrada.

Fabián también se dio cuenta de su presencia. Estaba de pie bajo el sol, mientras el humo de su cigarro lo envolvía poco a poco.

Entrecerró los ojos, y su mirada helada se clavó directamente en las manos entrelazadas de Belén y Tobías.

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