Belén yacía recostada en la cama. Cuando sintió que Tobías se acercaba, no lo apartó. Percibió el ligero aroma de su loción; era un olor sutil, muy agradable y reconfortante.
Cerró los ojos por un momento y luego le contestó:
—Me cuidaré mejor, lo prometo.
Tobías apoyó la cabeza en el hueco de su hombro, pero sin dejar caer todo su peso sobre ella; simplemente se mantuvo pegado a su lado con suavidad.
Así, los dos se quedaron en un cómodo silencio.
Mucho tiempo después, Tobías se incorporó lentamente. Le acomodó las cobijas a Belén y le dijo:
—Tengo que ir a la empresa un rato. Me temo que regresaré un poco tarde.
Belén asintió y respondió con dulzura:
—Está bien, ve tranquilo.
Tobías, todavía un poco intranquilo, le sugirió:
—¿Y si mejor vienes conmigo a la oficina? Allá hay una sala de descanso donde podrías recostarte. Cuando termine mis pendientes, podemos salir a dar una vuelta.
Belén sonrió y rechazó la oferta con amabilidad:
—Aquí estoy perfecta, además entra muy bonito el sol. Me conformo con sentarme un rato en el balcón, tomar un poco de aire y leer algún libro de medicina.
Al escucharla, Tobías volteó a ver la luz que en ese momento se colaba por las cortinas e iluminaba el impecable piso de la habitación.
Pensando en la idea de Belén, admitió que sonaba como un plan bastante agradable, así que accedió:
—Bueno, está bien. Iré a traerte algo de comer.
Tras decir eso, bajó las escaleras.
Cuando regresó, traía las manos llenas de fruta, botanas, panquecitos, chocolates...
Además de eso, trajo jugos, refrescos y una novela bastante gruesa.
Después de colocar las botanas y la fruta en la mesita junto al balcón, Tobías se acercó a la cama, le entregó el libro a Belén y le dijo:
—Aún te estás recuperando, no te presiones con los libros de medicina por ahora. Mejor lee esto, te hará bien distraerte un rato.
Que Fabián no aceptara el divorcio era algo que ella ya se imaginaba, pero escuchar la negativa salir de su boca aún le resultaba difícil de comprender.
¿Acaso no quería divorciarse para poder estar abiertamente con Frida?
Belén nunca había logrado entender qué pasaba realmente por la cabeza de Fabián.
Sintiéndose exhausta, cerró los ojos y durmió una siesta.
Despertó pasada la una de la tarde, justo cuando el sol entraba de lleno en la habitación. Se levantó de la cama y caminó despacio hacia el balcón.
Sentada en la silla de mimbre, como no tenía nada mejor que hacer, abrió la novela.
Al principio no le pareció la gran cosa, pero conforme fue avanzando, terminó completamente enganchada.
Entre páginas y capítulos, dieron las cuatro de la tarde sin que se diera cuenta.
Como no tenía mucha hambre, Belén solo picó un poco de fruta.
Una hora después, la noche comenzó a caer lentamente sobre Páramo Alto.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....