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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 962

Belén salió de su lugar. Se acercó a Fabián y le reclamó:

—¿Qué sentido tiene hacer esto? ¿De qué te sirve alargar todo seis meses más? Al final, nuestra situación solo tiene una salida.

Fabián también acortó la distancia. Se paró frente a ella y la miró desde arriba, con la vista recorriendo cada facción de su rostro. En lugar de responder a su pregunta, inquirió:

—Dime una cosa, ¿ya te acostaste con Tobías?

Belén le sostuvo la mirada con total franqueza y, confundida, le preguntó:

—Fabián, ¿qué intentas decir?

La comisura de los labios de Fabián se curvó ligeramente hacia arriba al responder:

—Si ya se acostaron, entonces aceptaré el divorcio.

Al escucharlo, Belén no lo pensó dos veces y le respondió sin rodeos:

—Sí. Ya nos acostamos.

Pero apenas terminó de pronunciar esas palabras, la enorme mano de Fabián se disparó hacia adelante y la agarró por el cuello.

En ese instante, los ojos de Fabián estaban inyectados en sangre, irradiando una furia helada que parecía querer devorarla.

La empujó con brusquedad contra la pared a sus espaldas. Apretando el agarre en su garganta, le soltó con voz gutural:

—¡Belén, cómo diablos te atreves a ponerme el cuerno!

Belén sintió que se quedaba sin aire. Con el rostro enrojecido, reunió todas sus fuerzas para decirle:

—Fabián... lo aprendí de ti.

La mirada de Fabián se oscureció aún más, y la mano que aprisionaba el cuello de Belén se apretó con más saña.

Al no poder respirar, Belén extendió los brazos y comenzó a golpear el brazo de Fabián con desesperación.

Él no reaccionó en lo absoluto. Ella lo pellizcó, lo pateó...

Su pie impactó directo en la entrepierna de Fabián. Ante el dolor punzante, él instintivamente la empujó con violencia hacia un lado.

Belén chocó contra la pared y luego se desplomó en el suelo.

Justo en el momento en que cayó, Tobías apareció corriendo al escuchar el alboroto.

Al ver que Fabián se había atrevido a ponerle una mano encima a Belén, Tobías saltó por encima de un escritorio y le asestó un puñetazo directo en la cara.

Incapaz de contener su rabia, y sin darle a Fabián tiempo para recuperarse, Tobías le soltó un par de golpes más en el rostro.

No fue hasta que Fabián logró reunir fuerzas para devolver un golpe que Tobías le gritó:

—¡Fabián! ¿Te atreves a golpearla? ¿Acaso no eres un hombre?

Tobías, sin embargo, le sonrió cálidamente:

—¿Por qué te disculpas? Tú no hiciste nada malo.

Apoyando la cabeza en el corazón de Tobías, Belén murmuró con voz ronca:

—Gracias.

Tobías no respondió, solo la sostuvo con firmeza y salieron del juzgado.

El auto se detuvo finalmente frente a la entrada de la casa de Tobías.

Él la cargó hasta el segundo piso y la recostó suavemente en la cama.

Sentándose en la orilla, se inclinó para revisarle el cuello y le preguntó con ternura:

—¿Te duele?

Belén negó con la cabeza y respondió:

—No, estoy bien.

Tobías le dio un suave beso en el cuello y le susurró:

—No vuelvas a ser tan imprudente. Si no quiere darte el divorcio, déjalo ser. Pero si sales lastimada, no solo sufres tú, también me duele a mí.

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