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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 967

Ante la furia de Tobías, Santiago no mostró ni una pizca de miedo. Al contrario, soltó una risa burlona y respondió:

—Se me da la gana, ¿y tú qué vas a hacer al respecto?

Tobías nunca había conocido a alguien como Santiago; por más que le levantara la voz, el tipo no se inmutaba y, para colmo, seguía provocándolo con aires de superioridad.

Sabiendo que no llegaría a nada con él, Tobías decidió no gastar más saliva.

—Ya me voy. Si no regreso pronto, mi mujer se va a preocupar.

Tobías lo dijo a propósito para molestarlo.

Al ver que se retiraba, Santiago no dijo nada más y se subió a su coche.

Tobías se dio la vuelta y caminó de regreso a la mansión Soler. Al llegar a la entrada, vio que toda la familia estaba sentada en la sala.

Se tronó los dedos y, finalmente, entró.

Al verlo entrar, Leandro apenas le echó un vistazo antes de apartar la mirada.

El ambiente se sentía tenso, por lo que Tobías decidió no subir de inmediato al segundo piso.

Dolores, que siempre era muy cálida, lo invitó:

—Señor Tobías, venga, siéntese.

Tobías esbozó una ligera sonrisa y le agradeció:

—Claro, gracias, Dolores.

Tras aceptar la invitación, se sentó en un extremo del sofá.

Eva y Gonzalo estaban presentes, pero ninguno decía una palabra. Leandro, por su parte, tenía la vista fija en otra dirección.

Tobías notó que los Soler parecían estar molestos con él. Confundido, preguntó:

—Don Gonzalo, señora Eva, Leandro, Dolores, ¿acaso hice algo malo?

Dejó de lado su actitud relajada y adoptó un semblante serio.

Gonzalo volteó a verlo y le dijo:

—Señor Tobías, yo... yo creo que sería mejor que se mantuviera alejado de nuestra Belén. Después de todo, sigue siendo la esposa de Fabián, aún no están divorciados. Que usted ande entrando y saliendo de esta casa solo hará que la gente empiece a soltar chismes sobre ella.

—Bueno, ya es muy tarde. Todos deberíamos irnos a descansar.

Gonzalo soltó un largo suspiro y se puso de pie. Eva lo tomó del brazo y lo acompañó a su habitación en la planta baja.

Al ver que los señores entraban a la recámara, Leandro también se levantó.

Tobías lo imitó de inmediato y le preguntó:

—Leandro, ¿pasó algo que deba saber?

—No es nada —respondió Leandro.

Al llegar al pie de la escalera, se detuvo abruptamente. Volteó a ver a Tobías y le dijo:

—Me doy cuenta de que tus intenciones con Belén son sinceras. Tú haz lo que tengas que hacer. No te tomes muy a pecho lo que dijo mi papá.

Sin agregar más, Leandro subió las escaleras.

Dolores se quedó en la sala y, una vez que Leandro llegó al segundo piso, se dirigió a Tobías:

—Señor Tobías, supongo que tiene los medios para averiguar qué está pasando. Mi suegro lleva toda su vida preocupándose por nosotros. Tiene miedo de que el esfuerzo de tantos años de Leandro se vaya a la basura, por eso le dijo lo que le dijo. Pero yo sigo pensando que, incluso si usted no estuviera aquí, Fabián no nos dejaría en paz tan fácilmente.

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