Tras escuchar a Dolores, Tobías comprendió a grandes rasgos la situación.
Seguramente Fabián estaba molesto con la familia Soler y había empezado a tomar represalias contra ellos.
Al pensar en esto, Tobías esbozó una ligera sonrisa y le dijo a Dolores:
—No te preocupes, Dolores. Belén ya es prácticamente mi mujer. Sus problemas familiares son mis problemas. Yo me encargaré de arreglar todo esto.
Dolores negó con la cabeza y le sonrió:
—No le cuento esto para que empiece una guerra con Fabián por nuestra culpa. Antes que mantener nuestra comodidad económica, toda la familia prefiere ver feliz a Belén. Hace años, cuando ella se encaprichó con casarse con Fabián, cortó el contacto con nosotros por un buen tiempo. Su hermano no decía nada, pero siempre andaba investigando cómo le iba. Cuando se enteró de que las cosas no estaban bien, se preocupó muchísimo, pero no podía hacer nada. Ahora que Belén por fin ha tomado la firme decisión de divorciarse, Leandro jamás permitirá que vuelva con él. Así que no importa lo que Fabián nos haga, ninguno de nosotros agachará la cabeza.
Tobías guardó esas palabras en su mente y le sonrió:
—Ve a descansar también, Dolores.
Dolores lo miró y asintió:
—Sí. Ve a hacerle compañía a Belén.
Tobías asintió. Esperó a que ella subiera antes de dirigirse él mismo al segundo piso.
Cuando entró a la recámara de Belén, la encontró apoyada contra la cabecera de la cama. Parecía perdida en sus pensamientos, con una expresión cargada de preocupación.
Al verlo entrar, Belén se movió un poco y le preguntó:
—¿No te vas a ir a tu casa?
Hacía apenas unos instantes, Eva le había contado que Fabián había empezado a atacar la empresa de su hermano.
Con solo dar una orden, todos los antiguos socios comerciales habían cortado lazos de inmediato por miedo a represalias.
Y la única razón por la que Fabián estaba haciendo esto era porque ella se había estado acercando mucho a Tobías.
Al escuchar su pregunta, Tobías dedujo que ya se había enterado de la situación de su familia.
Tobías no respondió de inmediato. Se acercó a la cama, se sentó y, tras acomodarle las cobijas a Belén, le preguntó:
Belén cayó en cuenta de que se refería a la vez que lo apuñalaron.
Pero en aquella ocasión, Tobías pudo haber ido directo al hospital; sin embargo, arriesgó su vida solo para buscarla a ella.
Si Belén no hubiera hecho bien el trabajo, en lugar de salvarlo, habría terminado siendo su verdugo.
Tobías la abrazó con delicadeza. Con voz ronca, le susurró al oído:
—Antes, la única persona importante en mi vida era la señora Gabriela. Luego te conocí a ti y te convertiste en la segunda. Pero ahora, gracias a ti, todos los Soler también son lo más importante para mí. No te preocupes, a la empresa de tu hermano no le va a pasar nada.
Belén se mordió el labio mientras sentía un vuelco en el corazón, completamente conmovida.
Después de un largo rato, Tobías la soltó suavemente. Se inclinó, la besó en los labios y se demoró en una caricia tierna y prolongada.
Finalmente, se separó de ella, le acarició el cabello y le dijo con ternura:
—Descansa, ¿sí? En un par de días todo se va a arreglar. Será como si nada hubiera pasado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....