Entrar Via

De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 977

El doctor se quedó perplejo ante la asombrosa calma de Hugo.

Pero todos en la sala sabían perfectamente que él solo intentaba mantener su coraza para no derrumbarse.

El médico miró a Belén de reojo y luego se dirigió a su paciente.

—Dada tu condición actual, necesitas a alguien contigo las veinticuatro horas. ¿La señorita es un familiar tuyo?

Antes de que ella pudiera decir algo, Hugo respondió con sequedad:

—Ya no tengo familia.

El doctor parpadeó sorprendido, pero rápidamente recuperó la postura.

—Entonces lo ideal sería contratar a un enfermero de guardia. Eres un paciente de alto riesgo, no puedes andarte levantando ni salir de las instalaciones. Con tus plaquetas tan bajas, cualquier movimiento brusco o una simple caída podrían provocar una hemorragia fatal.

Hugo ya no tenía ganas de escuchar sermones. Levantó la vista y replicó con cansancio:

—Soy doctor, sé perfectamente cómo manejarme.

Al notar su terquedad, el médico frunció el ceño en señal de desaprobación.

—Puede que seas médico, pero precisamente por eso entiendes lo impredecible que es una enfermedad en la sangre. Si no sigues las indicaciones al pie de la letra, tu vida correrá verdadero peligro.

Sin embargo, Hugo se limitó a esbozar una leve sonrisa.

—Tranquilo, aún no estoy tan grave.

Al ver que la conversación se estaba tensando, Belén intervino de inmediato.

—No se preocupe, yo me quedo con él.

El doctor soltó un suspiro de alivio.

—Perfecto, así quedamos entonces.

Pero Hugo la miró lleno de inquietud y remordimiento.

—Belén, no tienes que hacer esto. No quiero que te sacrifiques por mí...

Ella le dedicó una mirada tranquilizadora y sonrió.

—Me voy a quedar hasta que entreguen los resultados. Una vez que estemos seguros de que estás fuera de peligro, regresaré a casa.

Hugo se recostó pesadamente contra la almohada y murmuró con amargura:

—Escuchándote decir eso, casi desearía estar realmente enfermo para que no te vayas.

Belén volteó hacia la entrada con los ojos abiertos de par en par, entre sorprendida y preocupada.

Ahí estaba él, de pie en el umbral, con la ropa desaliñada y una sombra de barba incipiente marcando su mandíbula. Al confirmar que ella estaba sana y salva, sus ojos se enrojecieron sin poder evitarlo.

Atónita, ella tartamudeó:

—Tobías... ¿qué haces aquí?

Él ignoró por completo la pregunta. Se acercó a pasos firmes y le reclamó, inclinándose hacia ella:

—¿Por qué desapareces así? ¿Por qué no me avisas a dónde vas?

Belén retrocedió paso a paso, hasta que sus rodillas chocaron contra el borde de la camilla, dejándola sin escapatoria.

Lo miró a los ojos y se excusó con rapidez:

—Fue una emergencia médica, salí corriendo y se me pasó avisarte.

Tobías no tenía el corazón para enojarse realmente con ella, pero su mirada ardía de preocupación. Levantó la mano, tomó con delicadeza la barbilla de Belén y le exigió en voz baja:

—No vuelvas a hacerme esto. Pase lo que pase, tienes que decirme dónde estás. Si vuelvo a perderte como hoy, te juro que pondré a toda la ciudad de Páramo Alto patas arriba hasta encontrarte.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida