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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 984

El líder levantó la mano para calmar a sus compañeros.

—Tranquilos, no pasa nada. Vuelvan a lo suyo —ordenó.

Los hombres se dispersaron. Luego, el líder observó la expresión devastada de Fabián y le informó:

—Ya la sacamos del agua. La llevaron de urgencia al hospital.

Dicho esto, volvió a recoger su equipo.

Al escuchar la noticia, los ojos de Fabián se llenaron de lágrimas. Abrió la boca instintivamente y murmuró:

—Gracias.

Aunque solo fueron un par de palabras, no supo si el hombre llegó a escucharlo.

Subió al auto y aceleró a fondo hacia el hospital.

Una vez allí, buscó desesperadamente al médico encargado, quien le explicó:

—Sufrió de casi ahogamiento e hipotermia leve. Por ahora sigue inconsciente, pero su vida no corre peligro. Solo necesitará algo de tiempo para que las lesiones en la piel sanen.

La noticia le devolvió el alma al cuerpo.

Salió del hospital para fumar un par de cigarrillos y calmar sus nervios, y luego regresó a la habitación.

Como Frida seguía inconsciente, no le permitieron entrar. Desde el pasillo, a través del cristal, pudo observarla.

Yacía pálida en la cama, con una máscara de oxígeno y varios moretones marcando su rostro.

Era todo lo que lograba ver.

Poco después, Edgar Guzmán llegó corriendo. Al enterarse de que Frida estaba a salvo, soltó un largo suspiro de alivio.

Fabián no articuló palabra. Dio media vuelta y caminó hacia la salida con el rostro ensombrecido. Edgar lo siguió de cerca.

—Fabián, ¿a dónde vas? Con ella en ese estado, ¿vas a dejarla sola otra vez?

Fabián detuvo su marcha por un segundo, pero sin mirar a Edgar, respondió con absoluta firmeza:

—Esta vez, no volveré a dejarla sola.

Edgar se quedó de una pieza. Mirando la espalda de Fabián alejarse, sintió una mezcla de amargura y ansiedad.

Sus propios reclamos solo habían logrado acercar a Frida a los brazos de Fabián una vez más.

Media hora más tarde, Fabián entró en un bar exclusivo.

De inmediato, los golpes cesaron en la habitación.

Minutos después, un grupo de hombres salió. No tenían ni una gota de sangre encima, pero el sudor en sus rostros delataba el esfuerzo físico.

Fabián los miró fijamente y preguntó:

—¿Hablaron?

El líder del grupo dio un paso al frente.

—Sí. Dijeron que fueron órdenes de la señorita... la señorita Belén.

El hombre tartamudeó; le costaba creer que ese fuera el resultado.

Al escuchar el nombre de Belén, la mirada de Fabián se oscureció de golpe. Apretó la cajetilla de cigarrillos en su mano hasta arrugarla por completo.

Sabía que Belén no era capaz de organizar algo así por sí sola. El verdadero responsable detrás de todo esto era Tobías Galindo.

Recordó perfectamente cuando Tobías le había confesado que Cintia Ramírez era la tercera mujer que más despreciaba.

Era evidente que Frida ocupaba uno de los dos primeros puestos en esa lista.

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