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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 995

Incluso a través de la pantalla, Tobías no perdía esa actitud descarada y seductora que lo caracterizaba.

Siempre lograba lo mismo: con un par de palabras, la dejaba completamente desarmada.

Las mejillas de Belén ardieron de inmediato. Retiró su rostro del encuadre de la cámara y le dijo, fingiendo molestia:

—Tobías... eres un desvergonzado.

Tobías soltó una carcajada.

—¡Ay, cariño, eres demasiado linda! No me conociste ayer, ¿desde cuándo me importa la vergüenza?

El rostro de Belén se sintió aún más caliente. Manteniéndose oculta de la cámara, le dijo:

—Ya es muy tarde. Sigue trabajando para que termines pronto y te vayas a casa.

Tobías, sentado frente a la lente, observó el hombro de Belén que aún asomaba en la pantalla y sonrió con infinita ternura.

—Belén, para no interrumpirte, pondré el celular en silencio. Pero puedes revisar qué estoy haciendo cuando quieras.

Aún escondida detrás de la cámara, Belén dejó escapar un suave sonido afirmativo.

Pronto, el audio del lado de Tobías se apagó por completo.

Belén esperó un largo rato hasta sentir que el calor de sus mejillas había bajado para asomarse tímidamente a la pantalla.

En la imagen, vio a Tobías observando su computadora con un semblante totalmente serio.

Aunque no podía escucharlo, el ritmo frenético de sus dedos sobre el teclado delataba que estaba inmerso en un asunto sumamente urgente.

Como si sintiera su mirada, Tobías hizo una pausa. Levantó los ojos hacia la pantalla del celular y, al ver que Belén lo estaba observando, le regaló una sonrisa sutil.

Luego, unió las manos a un lado de su rostro imitando la acción de dormir, mientras gesticulaba en silencio: *Pórtate bien y duerme*.

Belén asintió y se acurrucó bajo las sábanas.

Ver a Tobías a través de la pantalla fue el antídoto perfecto para calmar la ansiedad que la carcomía.

Ya recostada, apoyó el celular en la mesa de noche, en un ángulo perfecto. Solo con levantar la mirada podía verlo, y él también podía observarla con claridad.

Tobías tomó los papeles y los revisó, frunciendo ligeramente el ceño.

Con lo precavido y desconfiado que solía ser, ni siquiera creería al cien por ciento en la información entregada por uno de sus mejores hombres.

Pero esa noche era diferente. Belén estaba ahí, en la pantalla de su celular, y él daría lo que fuera por solucionar todos los problemas de ella lo antes posible.

Así que, tras dudarlo un segundo, le ordenó a Luis:

—Ya que tenemos la información, actuemos. Anticípate y asegura ese contrato. Si hay que gastar más dinero, hazlo.

Al escuchar esa orden, Luis preguntó con evidente preocupación:

—Sr. Tobías... ¿No cree que esto sea demasiado arriesgado?

Tobías sabía perfectamente que era un riesgo enorme, pero al volver la vista hacia la pantalla, vio a Belén durmiendo plácidamente, habiendo cambiado de posición con total confianza.

Tras observarla fijamente durante unos segundos, Tobías regresó su mirada hacia Luis y sentenció:

—Haz lo que te digo. Si sigo en este tira y afloja con Fabián, esto será un empate eterno en el que ninguno de los dos sacará ventaja. Y yo...

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