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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 996

En este punto, los ojos de Tobías volvieron a clavarse en la pantalla donde descansaba Belén, y murmuró para sí mismo:

—No quiero hacerla esperar más.

Luis conocía de sobra los sentimientos de su jefe, así que no tuvo más remedio que ceder.

—Entendido. Haré que se ejecute tal como ordenó.

Dicho esto, Luis salió de la oficina.

Tobías se estiró en su asiento, listo por fin para dar por terminada su jornada y regresar a casa.

Pero en ese preciso instante, escuchó el grito aterrorizado de Belén a través de la llamada:

—¡Tobías!

Belén parecía estar atrapada en una pesadilla terrible. Se incorporó de golpe en la cama, empapada en sudor, en el mismo segundo en que pronunció su nombre.

Al darse cuenta del pánico de ella, Tobías activó el micrófono a toda prisa y le habló con voz cargada de preocupación:

—¡Belén, estoy aquí! No me he ido, no tengas miedo.

Al escuchar su voz, Belén giró la cabeza aturdida hacia la pantalla. Tardó varios segundos en reaccionar antes de llamarlo con incredulidad:

—¿Tobías?

Tobías se dejó caer de nuevo en su silla y le aseguró:

—Soy yo. No es un sueño. Seguimos en la videollamada, ¿recuerdas?

Aún desorientada, Belén asintió con lentitud.

—Sí... no es un sueño.

Después de un largo rato, cuando Tobías notó que ella ya se había calmado, no pudo resistir la curiosidad y le preguntó:

—¿Qué fue lo que soñaste conmigo?

Belén apartó la mirada de inmediato. Con los ojos aún enrojecidos, respondió:

—Nada importante.

No quería hablar de lo que había visto en su sueño. Había sido demasiado aterrador.

En su pesadilla, Fabián Rojas se quedaba con todo y terminaba hundiendo por completo a Tobías.

Pero no solo eso: Fabián había ordenado a sus hombres que mataran a Tobías a golpes.

Al ver a su papá sonriendo, la niña lo saludó:

—Papá, ya me voy al kínder.

Pero justo cuando estaba por llegar a la puerta principal, Fabián la detuvo a tiempo:

—Cecilia, hoy no irás al kínder.

La niña se aferró a las correas de su mochila y volteó, preguntando con evidente confusión:

—¿Por qué? ¡Si papá siempre quiere que vaya a la escuela!

Fabián dejó su celular, se acercó a ella y se agachó. Puso las manos sobre los hombros de la pequeña y le explicó:

—Porque hoy nos acompañarás a la señorita Frida y a mí a la villa familiar. Vamos a organizar nuestra boda y a decidir cómo haremos todo.

Al oír eso, los ojos de Cecilia brillaron de emoción.

—¿De verdad? ¿Por fin te vas a casar con la señorita Frida?

Fabián esbozó una sonrisa llena de ternura y asintió.

—Sí, de verdad.

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