Tras decir eso, Cristian se dio cuenta de que había sonado un tanto brusco, así que bajó el tono de voz de inmediato y se excusó:
—Frida, es solo que no quiero que me sigas tratando como a un chiquillo.
Frida esbozó una sonrisa amable y le respondió:
—Fue mi error. Para la próxima me acordaré, ¿de acuerdo?
Cristian bajó la cabeza, pero su corazón seguía sumido en una amarga desilusión.
Mientras tanto, en el estudio del segundo piso.
El anciano se detuvo frente al ventanal, apoyando el peso de su cuerpo sobre su bastón con empuñadura de dragón. Su sola presencia emanaba una autoridad abrumadora.
Fabián permaneció de pie detrás de él, con la cabeza ligeramente agachada, sin atreverse a pronunciar una sola palabra.
Tras varios segundos de tensión palpable, el anciano finalmente se giró hacia su nieto y le lanzó la primera pregunta:
—Dices que quieres casarte con Frida Arrieta. ¿Y qué pasa con Belén Soler? ¿Ya se divorciaron?
Fabián mantuvo la calma y respondió con franqueza:
—Abuelo, ya tengo todo pensado. En cuanto regresemos de la villa, buscaré a Belén para arreglar el tema del divorcio de inmediato.
El patriarca no cedió y continuó con su interrogatorio:
—¿Y qué pasará con Cecilia?
La respuesta de Fabián fue firme y decidida:
—Frida la querrá como si fuera su propia hija.
El anciano apretó ambas manos sobre la empuñadura de su bastón y lo confrontó:
—¿Y estás seguro de eso?
—Te lo aseguro con mi vida —replicó Fabián sin titubear—. Frida es una mujer excepcional, tratará a Cecilia maravillosamente. Incluso mejor de lo que lo hizo cierta persona.
Aunque no pronunció ningún nombre, el anciano entendió a la perfección que ese dardo iba dirigido a Belén.
A sabiendas de que sería imposible cambiar la decisión de su nieto, el abuelo cuestionó con profundo disgusto:
—¿Por qué te empeñas en elegir a una mujer sin ningún tipo de respaldo familiar? ¿Qué tiene de especial?
Fabián lo miró fijamente y sentenció:
—Abuelo, para mí, ella lo tiene todo.
El rostro del anciano palideció de furia.
—¡Te volviste loco por un par de faldas! Hay cientos de mujeres excelentes de donde podrías elegir, de cualquier clase social que se te antoje, ¡y tenías que irte a encaprichar con la hija de unos don nadies! Deberías ir a revisarte la cabeza.
Lejos de ofenderse, Fabián esbozó una ligera sonrisa.
—¿Eso significa que cuento con su aprobación, abuelo?

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....