Victoria olvidó por un instante su enojo cuando vio la ciudad desde la ventanilla.
París apareció bajo el cielo gris de la mañana, elegante y amplia, con una belleza que durante años solo había visto en fotografías, revistas y sueños guardados con cuidado. Sintió un golpe en el pecho al reconocer el destino.
Francia, Adrián la había llevado a París, el lugar al que ella siempre quiso ir para su luna de miel. El viaje había sido pospuesto al inicio porque Regina y sus padres consideraron cruel que ellos viajaran mientras Fernanda seguía en coma. Después, cuando el tiempo pasó, Adrián comenzó a aplazarlo por reuniones, juntas del grupo, cierres financieros y compromisos que siempre parecían más urgentes que ella.
Con los años, Victoria dejó de mencionarlo, ahora estaba allí. Bajó del avión intentando controlar su expresión, decidida a no permitir que Adrián notara el efecto que el gesto tenía en ella. París no significaba perdón. No borraba los tres años ni la forma en que la había llevado hasta ese viaje. Pero estaba feliz, reconocerlo en silencio le produjo una punzada de culpa. Adrián la observó sin decir nada. Estaba pálido, con los ojos cansados y una tensión extraña en los hombros, pero al verla mirar alrededor entendió que había elegido bien.
—¿París? —preguntó ella, tratando de sonar neutral.
—Siempre quisiste venir.
Victoria apretó el asa de su bolso.
—Eso fue hace mucho.
—Lo sé.
No añadió nada más, y esa falta de insistencia la confundió más que cualquier discurso.
El traslado hasta el hotel fue silencioso. Victoria reconoció parte de la ciudad desde el automóvil y tuvo que girar el rostro hacia la ventanilla para ocultar la emoción. Cuando llegaron al Ritz Paris, en Place Vendôme, la magnificencia del lugar la dejó sin palabras.
No era solo lujo. Era ese tipo de belleza que parecía existir para quienes jamás tenían que pedir permiso para desear algo. La suite era amplia, luminosa y tenía más de una habitación. Aun así, Victoria dejó la maleta cerca de la entrada.
—No pienso dormir en la misma habitación que tú.
Adrián no pareció sorprendido.
—La suite tiene habitaciones separadas.
—¿Puedo pedir otra?
—Puedes hacerlo, pero preferiría que permanezcamos en el mismo espacio. De cualquier forma, no voy a invadir tu habitación.
Victoria estaba a punto de negarse de todos modos cuando notó que él apoyaba una mano en el respaldo de un sillón, no como un gesto casual, sino como si necesitara sostenerse para no perder el equilibrio. Hasta ese momento había intentado mantener la guardia alta, concentrarse en la suite, en las habitaciones separadas y en la forma absurda en que Adrián había decidido llevarla hasta allí, pero la palidez de su rostro hizo que su molestia cediera ante una preocupación que no esperaba sentir.
—¿Sigues con fiebre?
—Solo me duele la cabeza.
Victoria lo observó con mayor atención. Adrián seguía de pie, impecable incluso después de tantas horas de viaje, pero había algo en la rigidez de sus hombros y en la manera en que evitaba mirarla que no encajaba con un simple malestar físico.
—¿Es por lo que soñaste?
La pregunta cambió algo en su rostro. No fue enojo, sino un cierre inmediato, como si una puerta se hubiera cerrado desde adentro. La mirada que segundos antes parecía cansada se volvió inaccesible, cuidadosamente controlada, y Victoria comprendió que había tocado un punto que él no estaba dispuesto a mostrar.
—No fue nada.
—No parecía nada.
—Estoy cansado por el vuelo.
—Adrián.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....