Victoria llevó a Adrián de regreso al hotel con ayuda del personal y pidió atención médica antes de que él pudiera fingir que todo estaba bajo control. El médico confirmó fiebre, agotamiento y una fuerte crisis de estrés, recomendó reposo absoluto y dejó indicaciones precisas que Victoria escuchó con más atención que el propio paciente.
Adrián permaneció sentado en la sala de la suite, con la camisa abierta en el cuello y el rostro vuelto hacia la ventana.
—No necesitabas llamar a un médico —dijo cuando quedaron solos.
Victoria dejó los medicamentos sobre la mesa.
—Te desmayaste en la calle.
—Fue un mareo.
—Puedes repetirlo todas las veces que quieras. No va a convertirse en verdad.
Él la miró apenas.
—No tienes que cuidarme.
—No lo hago por obligación.
La respuesta lo dejó callado.
Victoria tomó un vaso con agua y se lo ofreció. Adrián lo aceptó, aunque sus dedos rozaron los de ella solo un segundo. Ambos notaron el contacto, pero ninguno lo mencionó.
—Lo del avión —dijo ella con cautela—. No fue una pesadilla común.
Adrián bebió un poco de agua.
—No recuerdo bien.
—Mentira.
La palabra salió tranquila, sin agresión.
Él cerró los ojos.
—No quiero hablar de eso.
—Entonces no hables, pero tampoco finjas que no pasó nada.
Adrián apoyó el vaso sobre la mesa.
—Hay cosas que una persona recuerda mal cuando era niño.
Victoria sintió un nudo en la garganta.
—También hay cosas que una persona aprende a negar para sobrevivir.
La frase lo golpeó. Por un momento pareció a punto de responder, pero el gesto que apareció en su rostro no fue enojo, sino pánico contenido.
—Mi madre no habría permitido que alguien me hiciera daño.
Victoria no supo qué decir. No necesitaba más para entender que aquella pesadilla no estaba vacía.
—Quizá no lo supo —dijo con cuidado.
Adrián se levantó demasiado rápido.
—No sigas.
La fiebre lo hizo tambalearse y Victoria se acercó de inmediato, pero él levantó una mano.
—Estoy bien.
—No lo estás.
—Necesito dormir.
—Entonces duerme.
Él miró hacia la habitación principal.
—Puedes tomar la otra habitación. No entraré.
Victoria asintió, aunque no se movió.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....