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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 115

Adrián salió de la comisaría con una sonrisa que no correspondía al lugar del que acababa de salir, mientras el agente que lo acompañaba seguía recalcando, la gravedad de participar en un altercado en la vía pública y de realizar amenazas siendo extranjero.

Sin embargo, Adrián apenas lo escuchaba.

—Su esposa exigió verlo y pagó la multa correspondiente —había dicho el agente minutos antes.

Su esposa.

Victoria había dicho que era su esposa.

La frase seguía repitiéndose en su cabeza con más fuerza que cualquier advertencia legal. Sabía que ella lo había hecho porque era la única forma de intervenir, porque el vínculo aún existía y porque no tenía otra salida práctica, pero eso no impedía que una parte de él se aferrara a esas palabras como si hubieran sido un regalo inesperado.

—Señor Montenegro, ¿comprende? —insistió el agente—. Una amenaza como la que hizo contra el otro hombre puede generar consecuencias serias.

Adrián asintió sin terminar de procesarlo.

—Sí. Comprendo.

No comprendía casi nada, en realidad; solo sabía que Victoria había ido por él.

Cuando cruzó la puerta principal, la encontró esperándolo en la acera. La noche ya había caído sobre París y las luces se reflejaban sobre la calle, pero Victoria llevaba horas entrando y saliendo de conversaciones con funcionarios y personal administrativo, sin involucrar a nadie del equipo de Adrián porque se negó a convertir aquello en otro asunto de la familia Montenegro.

Había pagado ella misma la multa, había esperado casi hasta el anochecer para que terminaran el proceso y no estaba contenta.

Adrián lo supo en cuanto la vio. Victoria tenía los brazos cruzados, el rostro serio y una paciencia agotada que lo hizo detenerse antes de acercarse demasiado. No había alivio romántico en su mirada, pero para Adrián verla allí bastó para que su sonrisa se ampliara.

—Viniste y me esperaste —dijo.

Victoria lo miró como si no pudiera creer que esa fuera su primera reacción.

—No sonrías.

—No puedo evitarlo.

—Adrián, acabo de pasar horas en una comisaría porque decidiste pelearte en plena calle y amenazar a un hombre frente a la policía.

—Lo sé.

—No parece que lo sepas.

Él bajó la mirada por un segundo.

—Dijiste que eras mi esposa.

Victoria apretó los labios.

—Porque era la única manera de que me dejaran verte y pagar la multa.

—Lo sé.

—Entonces no lo conviertas en algo que no es.

Adrián sostuvo su mirada.

—No voy a hacerlo.

Victoria arqueó una ceja.

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