El puesto de flores no tenía el mismo movimiento del día anterior.
Victoria lo notó antes de acercarse. Había menos ramos sobre la mesa, algunas cubetas estaban vacías y la mujer mayor atendía sola, con una expresión cansada que no logró ocultar cuando reconoció a Adrián. Él caminaba junto a Victoria con una tensión visible, aunque esta vez mantuvo las manos quietas y la voz controlada.
—Podemos irnos si prefieres —dijo Victoria.
—No.
—Adrián.
—Estoy bien. Solo necesito saber que ellos están bien.
Ella no insistió.
Se acercaron despacio y Victoria tomó la iniciativa usando el traductor del hotel en su teléfono, porque no quería que la barrera del idioma convirtiera la conversación en otra confusión. La mujer escuchó la disculpa con atención, mirando de vez en cuando a Adrián.
—Lamentamos lo que ocurrió ayer —dijo Victoria en francés—. No queríamos causarle problemas con su negocio.
—No tienen de que disculparse. Francois no ayudó tampoco.
Adrián apartó la mirada.
—Sera mejor que se vayan antes de que el padre de los niños regrese, no es un hombre que olvide una humillación pública.
Adrián se tensó.
—¿Dónde están los niños?
La mujer dudó, miró hacia una calle lateral y respondió en voz baja.
—Son hermanos —leyó Victoria—. Su padre los obliga a trabajar y entregarle el dinero. Intenta protegerlos, pero no tengo autoridad legal para apartarlos de él.
El silencio de Adrián se volvió más pesado.
Victoria lo miró de reojo, preparada para detenerlo si intentaba salir en busca de aquel hombre, pero él permaneció inmóvil. La tensión en su mandíbula era evidente, aunque no dio un paso ni elevó la voz.
—Fue liberado esta madrugada —añadió la mujer casi adivinando lo que Adrián intentaba hacer—. No sé cuándo volverá por ellos.
Adrián cerró los ojos un instante.
—No podemos dejarlo así.
—No lo haremos —dijo Victoria—, pero esta vez tiene que ser por la vía correcta.
Él abrió los ojos y la miró.
—Me cuesta esperar.
—Lo sé.
—Cuando los vi quietos, como si ya hubieran aprendido a no defenderse, sentí que no podía apartar la mirada.
Victoria sintió que aquellas palabras abrían una puerta mínima hacia algo que Adrián todavía no podía nombrar. No habló de su infancia, no mencionó a la psicóloga ni a su padre, pero ella comprendió que esos niños habían despertado algo demasiado familiar para él.
No lo abrazó ni intentó convertir su dolor en una escena romántica. Solo acercó la mano y tocó brevemente la suya, lo suficiente para que supiera que lo había escuchado.
Adrián se quedó inmóvil.
Ese contacto pequeño pareció afectarlo más que cualquier consuelo.
—Buscaremos ayuda local —dijo Victoria—. Una organización, un abogado, servicios sociales o alguien que sepa cómo actuar sin poner a los niños en peligro.
Adrián asintió.
—Yo me encargo de encontrar opciones.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....