Entrar Via

De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 123

Así que Adrián la sostuvo con cuidado, como si el peso de su cuerpo no fuera lo que temiera cargar, sino la confianza frágil que ella acababa de poner entre sus manos. La dejó sobre la cama sin apartarse demasiado, pero tampoco se inclinó sobre ella de inmediato. Permaneció allí, respirando con dificultad, esperando que Victoria cambiara de opinión, que levantara una mano, que pronunciara una sola palabra capaz de detenerlo.

Victoria no lo hizo.

Lo miró desde la almohada con una mezcla de deseo, miedo y dignidad que le apretó el pecho. No era la novia que había entrado temblando a su habitación la noche de bodas, intentando convencerlo y convencerse de que todo estaba bien. Tampoco era la mujer cansada que abandonó la mansión con el corazón lleno de cicatrices. Era alguien que todavía lo quería, aunque no quisiera quererlo, y esa contradicción hacía que Adrián deseara cuidarla más de lo que deseaba reclamarla.

—Victoria —murmuró.

—No preguntes otra vez si estoy segura.

Él tragó saliva.

—Solo quiero que sepas que puedo detenerme.

—Lo sé.

La respuesta fue baja, pero firme, y Adrián cerró los ojos un instante antes de volver a besarla.

Esta vez el beso perdió parte de la contención anterior, no porque él dejara de ser cuidadoso, sino porque Victoria dejó de resistir la forma en que su propio cuerpo recordaba lo que su orgullo intentaba negar. Sus manos subieron hasta los hombros de Adrián, se aferraron a la tela de su camisa y lo atrajeron con una urgencia que lo hizo estremecerse.

Él no se permitió tomar aquello como un triunfo.

Cada caricia fue una pregunta silenciosa. Cada pausa, una oportunidad para que ella se apartara. Cuando sus dedos buscaron los botones de la blusa de Victoria, lo hizo despacio, mirándola a los ojos, y solo continuó cuando ella asintió sin bajar la mirada.

Victoria sintió que el aire le faltaba, no por temor, sino por la intensidad de ser mirada de una manera que durante años creyó imposible. No había indiferencia en Adrián. No había deber, culpa ni esa distancia helada que la obligó tantas noches a preguntarse qué parte de ella había fallado. Había deseo pero, también había cuidado y eso la hizo más vulnerable que cualquier beso.

—No me mires así —susurró.

Adrián se detuvo.

—¿Así cómo?

Victoria no supo responder. No podía decirle que la miraba como si hubiera sido suya desde siempre y al mismo tiempo como si acabara de descubrirla, porque esa idea le dolía demasiado. Tampoco podía decirle que una parte de ella, la más herida, se sentía aliviada de comprobar que no había sido falta de deseo lo que los separó durante tres años.

—Como si esto significara más de lo que debe significar —dijo al final.

Adrián apoyó una mano junto a su rostro, sin tocarla todavía.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO