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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 124

Adrián entendió que esas palabras no eran una invitación a olvidar todo lo que había ocurrido, sino una petición para dejar de analizar cada herida durante unos minutos. Victoria no necesitaba más explicaciones esa noche. No necesitaba escuchar razones, disculpas ni intentos de justificar años de distancia. Solo necesitaba sentir que podía estar cerca de él sin tener que defenderse. Él acarició su rostro con cuidado, esperando una señal que le indicara si debía detenerse.

Victoria no retrocedió.

Ese pequeño gesto significó más para Adrián que cualquier palabra que pudiera haber escuchado. Durante mucho tiempo había pensado que recuperar su matrimonio dependía de encontrar el argumento correcto, de explicarle sus errores o de demostrarle que había cambiado, pero en ese instante comprendió que no se trataba de convencerla.

Se trataba de volver a ganarse un lugar que había perdido. La besó de nuevo, más despacio, dejando que fuera Victoria quien decidiera acercarse o marcar distancia. Ella sintió cómo la tensión que había mantenido durante semanas comenzaba a desaparecer poco a poco, no porque hubiera olvidado el dolor, sino porque esa noche Adrián no intentaba tomar algo que consideraba suyo.

Estaba esperando que ella se lo permitiera.

Victoria pasó una mano por su cabello y cerró los ojos. Era extraño sentirlo tan cerca después de tantos años de imaginar una cercanía que nunca llegó. Había esperado ese momento durante mucho tiempo, pero cuando finalmente ocurrió no se sintió como una recompensa ni como una victoria. Se sintió como una decisión, una que solo le pertenecía a ella.

—Adrián —susurró.

Él se detuvo.

—Estoy aquí.

La respuesta fue sencilla, pero Victoria sintió algo diferente en esas palabras. No era la seguridad del hombre acostumbrado a resolverlo todo. Era alguien que, por una vez, parecía entender que estar presente también significaba escuchar.

La noche avanzó sin prisa haciendo el amor de una forma íntima y cariñosa. No hubo conversaciones sobre divorcio, familias o heridas pendientes. No hubo intentos de transformar aquel momento en una reconciliación completa. Ambos sabían que al amanecer seguirían existiendo preguntas que tendrían que responder y decisiones que todavía no estaban resueltas.

Pero durante esas horas dejaron de ser el hombre que había fallado y la mujer que había esperado demasiado. Fueron Adrián y Victoria. Dos personas que se deseaban, que todavía se conocían a pesar de todo lo que había cambiado entre ellos y que, por unas horas, permitieron que la distancia quedara atrás.

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