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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 13

Victoria llegó al despacho del abogado a las nueve de la mañana.

Había dormido poco, pero se obligó a levantarse temprano, vestirse con calma y salir antes de que Adrián bajara a desayunar. No quería darle explicaciones. Todavía no.

El edificio era discreto, ubicado en una zona de oficinas donde nadie parecía tener tiempo para mirar demasiado a los demás. Eso le ayudó. Por una vez, no entró como la esposa de Adrián Montenegro ni como la hermana de Fernanda Altamirano.

Entró como una mujer que necesitaba recuperar su vida.

La secretaria la recibió con una sonrisa profesional.

—Señora Montenegro, el licenciado Rivas la espera.

Victoria sintió una incomodidad breve al escuchar ese apellido, pero no corrigió. Pronto dejaría de serlo, se dijo. O al menos intentaría dejar de serlo.

El abogado se levantó cuando ella entró.

—Victoria, buenos días. Tome asiento, por favor.

—Gracias por recibirme con tan poco aviso.

—No se preocupe. En su correo mencionó que quería orientación sobre un proceso de divorcio.

Victoria tomó aire con calma.

—Sí.

El licenciado Rivas abrió una carpeta y tomó una pluma.

—Antes de hablar de pasos, necesito entender su situación. ¿Hay hijos en el matrimonio?

—No.

—¿Bienes adquiridos durante el matrimonio?

—No que yo quiera reclamar.

El abogado levantó la mirada.

—Eso no siempre depende solo de lo que usted quiera reclamar. Depende del régimen matrimonial, los acuerdos firmados y cualquier documento relacionado con patrimonio familiar.

Victoria dejó su bolso sobre sus piernas.

—Mi matrimonio con Adrián estuvo ligado a un acuerdo entre nuestras familias.

—¿Con cláusulas de herencia?

Ella asintió.

—Sí. Algunas vinculadas al patrimonio de él y otras a compromisos entre las empresas familiares.

Rivas guardó silencio unos segundos y luego anotó algo.

—Entonces no será un proceso sencillo.

Victoria ya lo esperaba, pero escuchar esas palabras hizo que la realidad se volviera más concreta.

—No quiero dinero —dijo—. Tampoco propiedades, acciones ni compensaciones.

—Entiendo.

—No estoy buscando venganza.

El abogado la observó con atención.

—¿Qué busca?

Victoria sostuvo la mirada.

—Salir sin deberle nada a nadie.

Rivas apoyó la pluma sobre la carpeta.

—Eso puede ser más difícil de lo que parece. Si el señor Montenegro interpreta el divorcio como un riesgo para su patrimonio o para acuerdos de familia, podría oponerse. Incluso si usted no pide nada, el simple cambio de estado civil puede activar revisiones legales.

Victoria bajó la vista a sus manos.

—¿Y si ambos aceptamos?

—Sería más rápido. Pero por lo que me explica, no solo se trata de dos personas. Hay familias, bienes y acuerdos alrededor.

Eso era justo lo que Victoria quería cortar.

Durante años había sido una pieza útil. La esposa conveniente. La hija que no hacía preguntas. La mujer que ocupaba un lugar que todos administraban como si fuera parte de un contrato.

—Quiero hacerlo bien —dijo—. Sin escándalos.

—Entonces necesito revisar los documentos que firmó antes y después del matrimonio.

—Puedo conseguirlos.

—También le recomendaría separar sus cuentas personales y tener respaldo de sus documentos. Identificaciones, estados de cuenta, cualquier propiedad a su nombre, correos importantes.

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