Al principio Adrián pensó que se trataba de una extensión absurda del incidente ocurrido en la calle, una declaración adicional, quizá una queja formal presentada por la familia del sujeto que ataco. Sin embargo, cuando uno de los agentes mencionó que Francois había sido encontrado muerto, Adrián comprendió que aquello era mucho más grave que una simple molestia administrativa.
—Usted tuvo un enfrentamiento público con él—dijo el agente mientras lo conducían hacia una sala privada del hotel—. Y hay testigos que aseguran haberlo escuchado amenazarlo de muerte.
Adrián apretó la mandíbula porque recordaba sus propias palabras, el enojo del momento y haberle dicho aquel hombre que, si volvía a tocar a los niños, lo mataría. En ese momento no pensó en la consecuencia legal de una frase dicha desde la rabia, pero ahora esa amenaza se convertía en una cuerda alrededor de su cuello.
—Yo no lo maté.
—Eso tendrá que declararlo formalmente.
Adrián miró hacia la salida de la estación de policías, pensando en Victoria y en la posibilidad de que ella estuviera esperándolo sin saber que no podía moverse.
—Necesito hacer una llamada.
—Después de la declaración.
La respuesta fue suficiente para que Adrián entendiera que ya no tenía control sobre el tiempo. Mientras era trasladado a la sala de interrogación, sin que él lo supiera, Fernanda había logrado salir del hotel. Había recibido un mensaje de un numero desconocido con instrucciones de interceptar a Victoria en el aeropuerto y hacerle creer que Adrián no llegaría. Ella preguntó quién estaba detrás de aquel número, pero solo recibió como respuesta los detalles de lo que debía decir y hacer para que Victoria se marchara de regreso a casa y ella pudiera quedarse con Adrián. Fernanda vio aquello como su última oportunidad y, confiando en que el destino seguía a su favor, obedeció.
Cuando regresó al hotel, Regina ni siquiera se había dado cuenta de su ausencia porque se la había pasado investigando la detención de Adrián. Tenía el rostro endurecido por la preocupación. Había intentado hablar con su hijo, pero nadie le daba información clara.
—La situación es delicada —explicó uno de los abogados que ya había contratado Regina—. El hombre que su hijo golpeó en la vía pública fue encontrado muerto en un callejón cercano al área donde ocurrió el primer incidente que ambos tuvieron.
Regina se llevó una mano al pecho.
—Mi hijo no mataría a nadie.
—Lo sabemos, señora, pero hay testimonios en su contra.
—¿Qué?
El abogado dudó.
—Una mujer de la tercera edad y los hijos del fallecido.
Regina no podía creer aquello.
—¿Cómo puede ser eso posible? Adrián con Victoria su… —hizo una pausa hasta que finalmente dijo— esposa, no pudo a ver salido a cometer ese crimen. De eso estoy segura
—Puede ser, pero a menos que ella pueda ir a declarar, el señor Montenegro está metido en un problema bastante serio.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....