Adrián salió de la comisaría varias horas después, cuando el proceso administrativo finalizo, libre de la acusación que lo había mantenido detenido, pero con una sensación de pérdida que ninguna resolución legal podía borrar porque Adrián solo podía pensar en Victoria.
Estaba seguro de que ella lo había esperado y él no llegó. Regina estaba afuera junto a Fernanda. Su madre caminó hacia él con visible alivio, aunque intentó disfrazarlo con una autoridad que ya no tenía la misma fuerza.
—Adrián.
Fernanda dio un paso más rápido.
—Gracias a Dios estás bien.
Intentó acercarse, pero Adrián levantó una mano antes de que pudiera tocarlo.
—No.
Fernanda se detuvo como si aquella sola palabra la hubiera herido. Regina frunció el ceño.
—No empieces ahora. Acabas de salir de un problema terrible.
—¿Dónde está Victoria?
La pregunta cayó entre ellas con una claridad incómoda. Regina apretó los labios.
—No la encontramos.
Adrián sintió que algo dentro de él se hundía.
—¿Qué significa que no la encontraron?
—Tu esposa apagó el teléfono y desapareció.
Fernanda bajó la mirada.
—Tal vez necesitaba irse.
Adrián la miró.
—Tú no hables de lo que Victoria necesita.
Fernanda levantó los ojos, húmedos casi de inmediato.
—Yo solo estoy preocupada por ti.
—No lo parece.
Regina intervino con rapidez.
—Adrián, sé que estás alterado, pero Victoria también eligió irse. No podemos cargar toda la culpa sobre Fernanda.
Él giró hacia su madre.
—¿A qué te refieres? ¿A donde se fue?
Su madre le explico lo ocurrido minimizando la situación a favor de la mujer que aun quería para su hijo.
—Fernanda cometió un error.
—Fue al aeropuerto en mi lugar, le mintió a mi esposa y la dejó creyendo que la abandoné. Eso no suena a un error sino a que es un pésimo ser humano.
Fernanda dejó escapar un sollozo.
—No quería que sufriera más.
Adrián soltó una risa sin alegría.
—Entonces elegiste una forma extraña de protegerla porque todo lo que le dijiste fue mentira. La costumbre no es más fuerte que el amor que yo siento por ella.
—Tú no entiendes lo que sentí al verte con ella —dijo Fernanda, llevándose una mano al pecho—. Fue como si todo lo nuestro hubiera desaparecido de golpe. Tú y yo compartimos la habitación muchas veces antes del accidente pero nunca me tocaste.
—Porque lo nuestro siempre fue una imposición. Lo que pasa es que nadie quiso decirlo en voz alta.
Regina se tensó.
—No es momento para hablar así.
—Sí lo es.
Adrián avanzó un paso hacia ellas, con el rostro cansado pero la voz firme.
—Victoria no destruyó nada. No me manipuló, no me alejó de mi familia y no me obligó a elegirla. Yo debí elegirla desde el día en que me casé con ella, y no lo hice porque todos ustedes me enseñaron que la paz de Fernanda, tus expectativas y el apellido importaban más que mi esposa. Fue un estúpido y hasta ahora lo reconozco.
Fernanda lloró con más fuerza.
—Adrián, por favor, no digas eso. Tú y yo nos entendíamos. Éramos los únicos que sabíamos lo que significaba cargar con todo.
—No uses el pasado para retenerme.
—No estoy intentando retenerte.
—Sí lo estás haciendo.
Regina tomó aire.
—Victoria no está aquí, Adrián. Fernanda sí. Ella permaneció a tu lado cuando todo se complicó.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....