Vestía abrigo, llevaba una pequeña maleta de mano y tenía esa expresión de sorpresa perfectamente medida que, en otra época, quizá ella habría creído sin dudar.
—Victoria —dijo él, como si encontrarla allí fuera una coincidencia imposible—. No puedo creerlo.
Ella tomó el cuaderno de su mano y lo apretó contra su pecho.
—Daniel.
Él sonrió apenas, con una calidez prudente.
—Vine a Londres por asuntos familiares y necesitaba resolver algunas cosas. No esperaba verte.
Victoria sostuvo su mirada. La explicación era razonable, demasiado razonable para alguien que acababa de aparecer frente a la librería donde ella llevaba días intentando recuperar tranquilidad.
—Qué casualidad —dijo.
Daniel bajó la vista un segundo, como si respetara la distancia que ella marcaba.
—Laura estaba preocupada por ti. Yo ni siquiera sabía que estabas aquí.
Alzó la mirada con calma, aunque la tensión de su rostro contradecía aquella serenidad. La lluvia golpeaba el paraguas, los autos levantaban agua sobre el pavimento y la gente continuaba avanzando, pero Victoria sintió que todo se detenía.
Daniel había llegado a la misma ciudad a la que ella había huido, frente al lugar donde comenzaba a sentirse segura, con una excusa preparada y una tranquilidad demasiado bien colocada.
Tal vez seguía herida y dudaba demasiado de sí misma, pero no era ingenua.
—¿Estás bien? —preguntó él.
Victoria sonrió sin alegría.
—Sí, Daniel. Estoy bien.
Él la observó como si intentara decidir cuánto podía acercarse sin hacerla retroceder.
—¿Me seguiste?
La pregunta salió directa, más tranquila de lo que esperaba. Daniel parpadeó con una confusión casi perfecta.
—¿Qué?
—Me escuchaste.
—Victoria, no entiendo por qué pensarías eso.
Ella acomodó el paraguas, aunque la lluvia comenzaba a colarse por los bordes y el frío le entumecía los dedos. Desde que salió de la librería sentía presión en la cabeza y un cansancio extraño, pero no permitiría que aquel malestar le quitara claridad.
—Porque no es la primera vez que apareces donde nadie te ha llamado.
Daniel frunció el ceño.
—No vine a molestarte.
—También dijiste eso cuando llegaste a mi departamento sin avisar.
—Estaba preocupado.
—Siempre tienes una explicación lista.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....