—Ahora sí —dijo ella, bajando la voz—. Respóndeme con claridad. ¿Me estabas siguiendo?
El rostro de Daniel cambió, aunque no de forma dramática. Fue apenas una variación en la tensión de su mandíbula y en la manera en que sostuvo la mirada, solo lo suficiente para que algo parecido a tristeza apareciera en su expresión.
—No.
Victoria no apartó la mirada. Necesitaba una respuesta que no dejara espacio para nuevas dudas, porque desde que había llegado a Londres se obligaba a desconfiar incluso de aquello que parecía inofensivo.
—Entonces explícame tus asuntos familiares.
Daniel guardó silencio unos segundos, como si aquello le costara más de lo que quería admitir. Sus dedos se cerraron alrededor del asa de la maleta y luego se relajaron con lentitud.
—Mi abuelo materno vive aquí.
Victoria frunció el ceño.
—Nunca me lo dijiste.
—No hablo mucho de él.
—¿Por qué?
Daniel miró hacia los estantes, evitando por un momento sus ojos. La librería estaba en silencio, salvo por el sonido constante de la lluvia contra los ventanales y el murmullo lejano de los clientes.
—Porque rechazó a mi madre cuando ella se casó con mi padre. Nunca aceptó la unión, nunca aceptó la vida que ella eligió y durante años fingió que no existíamos.
Victoria sintió que parte de su acusación perdía fuerza. No esperaba una explicación tan personal ni una herida familiar que pareciera abierta.
—Daniel…
—No quiero entrar en detalles —la interrumpió con suavidad—, pero está enfermo. Muy enfermo. Su gente me contactó y decidí venir a verlo porque, aunque él no haya querido reconocer que mi madre amo a mi padre, el sigue siendo parte de mi historia.
Victoria tragó saliva. La firmeza con la que lo había enfrentado comenzó a desmoronarse bajo el peso de aquella confesión.
—Lo siento.
Daniel sonrió con una tristeza contenida.
—Mi abuelo es el duque de Waverly. Supongo que eso hacía que mi padre no fuera suficiente para su hija.
La información la dejó en silencio. Victoria no sabía demasiado de la familia materna de Daniel, solo que había una rama inglesa de la que él casi nunca hablaba pero que la alta sociedad no pasaba por alto. Ahora, al escucharlo, su presencia en Londres parecía tener una explicación que ella no había considerado.
Y eso la hizo sentirse injusta.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....