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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 175

Marcos se río.

—Adrián no es el único hombre interesado en tu hermana.

Fernanda sintió que no era capaz de sostenerse.

—Esto es una locura. Si creen que así voy a donar mi riñón, están locos.

Entonces se lanzó hacia el volante.

Marcos maldijo entre dientes, sujetó el auto con fuerza y logró mantenerlo en el carril mientras Fernanda intentaba hacer que perdiera el control.

—¡Detén el auto! —gritó ella—. ¡Detenlo ahora mismo!

—Siéntate.

—¡No!

Fernanda volvió a forcejear, desesperada, golpeándolo en el brazo y tratando de alcanzar la palanca de cambios. Marcos tomó una salida lateral y frenó con brusquedad junto a una calle casi vacía. Antes de que ella pudiera abrir la puerta, él la sujetó del brazo y sacó una pequeña jeringa del compartimento lateral.

Fernanda abrió los ojos.

—¿Qué haces?

—Evitar que arruines esto.

—No te atrevas.

Marcos le clavó la aguja antes de que pudiera apartarse. Fernanda gritó, pero el sonido salió más débil de lo que esperaba.

—¿Qué me hiciste?

—Solo lo suficiente para que dejes de pelear.

—Marcos...

—No te vas a morir. No seas dramática.

El auto volvió a ponerse en marcha.

Al principio Fernanda quiso insultarlo, amenazarlo, exigirle que le dijera qué le había inyectado, pero las palabras empezaron a sentirse pesadas en su boca. No perdió el conocimiento. Eso fue peor. Seguía despierta, seguía entendiendo, pero su cuerpo comenzaba a responder con una lentitud aterradora.

Intentó mover las manos, pero no pudo.

Los dedos apenas temblaron sobre su regazo.

—¿Qué... está pasando?

—Te di algo para tranquilizarte.

—No puedo moverme.

—Entonces funciona.

Fernanda quiso gritar, pero la ciudad empezó a desordenarse detrás del vidrio. Las luces pasaban una y otra vez, calles mezcladas con avenidas. Tuvo la sensación de que daban vueltas sin avanzar, como si Marcos quisiera perder cualquier rastro, cualquier cámara, cualquier lógica que pudiera ayudarla después.

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