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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 40

Victoria llegó a la presentación veinte minutos antes.

No quería correr riesgos. Llevaba todo lo necesario. Había practicado la noche anterior hasta sentirse preparada.

Daniel ya estaba en la sala cuando ella entró.

—Buenos días —dijo él, levantando la mirada desde la mesa.

—Buenos días.

—¿Dormiste?

Victoria dejó su carpeta junto al proyector.

—Lo suficiente.

Daniel sonrió.

—Eso significa que casi nada.

—Eso significa que revisé todo varias veces.

—Entonces estás lista.

Victoria no respondió de inmediato. Miró la sala vacía, las sillas alineadas, la pantalla encendida y la mesa donde, en menos de media hora, estarían sentados los inversionistas.

—Estoy nerviosa —admitió.

—Eso no es malo.

—Se siente malo.

—Pero no lo es. Significa que te importa.

Victoria bajó la vista a sus notas.

Antes, sus nervios nacían de no fallarles a otros: Adrián, los Montenegro, sus padres, la sombra de Fernanda.

Ese día era distinto.

Estaba nerviosa porque algo suyo estaba en juego.

Laura llegó poco después con dos cafés y una carpeta.

—Traigo la última versión del presupuesto —dijo—. Y antes de que preguntes, sí, ya revisé los números.

Victoria tomó la carpeta.

—Gracias.

—Respira. Sabes más de esto que cualquiera en esa mesa.

—Eso es discutible.

Daniel la miró con seriedad.

—No hoy.

Los inversionistas llegaron puntuales.

Eran cinco, todos con una presencia imponente. Camila Duarte los presentó.

Victoria saludó, tomó su lugar junto a Daniel y esperó.

Daniel abrió con el concepto general. Laura explicó la estrategia visual.

Entonces Camila miró a Victoria.

—Victoria, por favor.

Ella se levantó.

Durante un segundo sintió el peso de todas las miradas. Luego miró la primera diapositiva y empezó.

—La propuesta parte de una idea sencilla: piezas que se vean exclusivas, pero que funcionen con eficiencia en espacios de uso constante. En hotelería, un objeto no puede depender solo de su apariencia. Debe resistir, mantenerse y facilitar la operación.

Uno de los inversionistas revisó el documento impreso.

—¿Y dónde está el diferencial frente a proveedores ya establecidos?

Victoria cambió la diapositiva.

—En la combinación entre personalización y facilidad de producción. No estamos proponiendo piezas difíciles de replicar, sino variaciones controladas que permiten identidad sin elevar demasiado el costo.

El hombre asintió, pero no parecía convencido del todo.

—Explíqueme eso con un ejemplo.

Victoria tomó una de las muestras.

—Esta base puede fabricarse con el mismo proceso, pero permite tres acabados y dos proporciones sin modificar la estructura principal. El cliente percibe una línea personalizada, pero producción conserva control de tiempos y costos.

Camila sonrió apenas.

Otro inversionista intervino.

—¿Qué pasa con mantenimiento?

—Está contemplado —respondió Victoria—. Evitamos uniones innecesarias y materiales que se marquen con facilidad. La pieza debe verse bien al inicio, pero también después de meses de uso.

La reunión avanzó con preguntas más difíciles de lo que esperaba. Victoria respondió cada una con calma. En una ocasión no tuvo el dato exacto y lo dijo sin intentar cubrirlo.

—Ese número no lo tengo aquí —admitió—, pero puedo confirmarlo hoy mismo y enviarlo con el ajuste de costos.

Uno de los hombres la miró con atención.

—Prefiero esa respuesta a una cifra improvisada.

Victoria asintió.

La presentación terminó casi una hora después.

Los inversionistas revisaron algunas hojas en silencio. Victoria permaneció de pie, con las manos juntas frente a ella, sin intentar llenar la pausa.

Había aprendido que defender una idea también era saber esperar.

Camila fue la primera en hablar.

—A mí me interesa avanzar.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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