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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 176

El médico no logró estabilizar a Victoria por completo, y eso fue lo único que Adrián entendió cuando salió de la habitación y vio el rostro tenso del especialista. Había demasiadas personas moviéndose alrededor, enfermeras entrando y saliendo, órdenes dichas en voz baja y una presión en el pasillo que parecía cerrar el aire alrededor de todos.

—Está respondiendo, pero no como necesitamos —explicó el médico—. El episodio alteró demasiado su condición. No podemos seguir esperando mucho más.

Adrián sintió que el piso se movía bajo sus pies.

—¿Qué significa eso?

—Que necesitamos intervenirla cuanto antes.

Isabel soltó un sollozo y Ernesto la sostuvo por los hombros, mientras ambos seguían marcándole a Fernanda sin obtener respuesta. Una llamada tras otra terminaba en buzón, silencio y nada más.

—No contesta —murmuró Isabel, mirando la pantalla como si el teléfono pudiera darle una explicación—. No puedo creer que esté haciendo esto. No puedo creer que después de todo siga castigando a su hermana.

Regina estaba unos pasos más atrás. A diferencia de Isabel, no lloraba, pero su nerviosismo era evidente en la forma en que apretaba el bolso contra su cuerpo y miraba hacia el elevador, hacia los pasillos, hacia cualquier lugar donde Fernanda pudiera aparecer antes de que todo terminara por salirse de control.

Adrián la observó apenas un segundo, porque había algo en esa tensión que no le gustó.

Volvió a llamar a seguridad.

—Busquen a Fernanda Altamirano en todas las entradas, salidas, estacionamiento y áreas privadas del hospital.

—Señor, ya revisamos todas las zonas.

—Revisen otra vez.

—Adrián —dijo Regina, intentando sonar firme—, si Fernanda se fue, no puedes obligarla a volver.

Él giró lentamente hacia ella.

—No dije que se hubiera ido.

Regina palideció apenas.

Adrián sacó su teléfono. Cuando estuvo con Fernanda en la mansión, había desconfiado lo suficiente para distraerla con aquella conversación absurda sobre la boda que ella tanto quería imaginar. Mientras ella se aferraba a la ilusión de haber ganado, él había tenido el tiempo necesario para activar un rastreador discreto en su teléfono.

No estaba orgulloso de eso, pero tampoco iba a disculparse por desconfiar de una mujer que acababa de intentar usar la vida de Victoria como moneda de cambio.

Abrió la ubicación. El punto seguía dentro del hospital.

Adrián levantó la mirada con una calma peligrosa.

—Está aquí.

Regina dejó de respirar por un instante.

—¿Qué?

—Al menos su teléfono sigue en el hospital.

Isabel se incorporó.

—¿Entonces por qué no contesta?

—Porque no quiere —dijo Adrián.

Ernesto frunció el ceño.

—¿Qué estás insinuando?

—Estoy diciendo que nadie se mueva hasta que la encontremos.

Pasaron las horas con una lentitud insoportable, y cada minuto parecía arrancarle algo a Victoria que Adrián no podía devolverle. Isabel marcaba y volvía a marcar, Ernesto hablaba con seguridad, y Regina insistía en que quizá Fernanda se había escondido por miedo, aunque su voz ya no sonaba tan segura.

Capítulo 176 1

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