Entrar Via

De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 41

Adrián no buscaba a Victoria cuando abrió el archivo del despacho familiar.

Lo hizo por un asunto administrativo. Regina quería revisar pagos pendientes, documentos de mantenimiento y compromisos ligados al apellido Montenegro. Todo debía estar en la biblioteca, en ese gabinete que nadie tocaba porque, durante años, las cosas simplemente funcionaban.

Adrián abrió la cerradura y encontró carpetas ordenadas por año, sobres separados por categoría y etiquetas escritas a mano. Proveedores, eventos, compromisos familiares, personal de la casa.

Todo estaba clasificado con una claridad que no pertenecía ni a Regina ni a él.

La letra era de Victoria.

Tomó la carpeta de proveedores esperando facturas simples. En cambio, encontró pagos cruzados, fechas límite y notas sobre problemas que él ni siquiera recordaba haber tenido.

Pagado antes del vencimiento para evitar penalización.

Solicitar nuevo contrato. El anterior favorece demasiado al proveedor.

Hablar con Clara antes de cambiar el servicio. Evitar afectar al personal.

Adrián pasó una hoja tras otra.

Muchas notas tenían años de antigüedad. Años en los que él apenas recordaba a Victoria en los pasillos: discreta, correcta, siempre al margen de lo que él creía importante.

Mientras él repartía su atención entre la empresa, Fernanda y la familia, Victoria había sostenido detalles que nunca se volvieron problemas porque ella los resolvía antes.

Abrió otra carpeta.

Eventos sociales.

Encontró listas de invitados, alergias, restricciones de socios, aniversarios, regalos, temas que era mejor evitar y preferencias de personas clave para la fundación.

Entonces frunció el ceño al leer una nota:

El señor Alarcón no debe sentarse junto a Federico Salinas. Tuvieron desacuerdo por donativo anterior.

Recordó aquella cena. Había salido impecable. Regina recibió felicitaciones. Él firmó un acuerdo importante dos días después. Nadie mencionó a Victoria.

Pasó la página.

Enviar flores a la señora Ibáñez por el aniversario luctuoso de su esposo. Adrián suele olvidarlo.

Adrián dejó la hoja sobre el escritorio.

No recordaba eso.

Quizá en su memoria había sido una cortesía de la casa. En realidad, Victoria había protegido una relación familiar que él ni siquiera tuvo presente.

Abrió la carpeta del personal doméstico.

Encontró apuntes sobre vacaciones, adelantos, enfermedades de hijos, horarios y reemplazos. Victoria sabía quién necesitaba descanso, quién podía cubrir turnos y qué pagos no debían retrasarse para evitar problemas en sus casas.

Adrián pensó en Clara, en los jardineros, los choferes y las mujeres que mantenían la mansión impecable.

Todos lo saludaban con respeto.

A Victoria la miraban con lealtad.

Hasta entonces, no entendió por qué.

Una carpeta más llamó su atención.

Abuelo Montenegro.

El pecho se le apretó.

Su abuelo había pasado sus últimos años entre tratamientos, médicos y días de lucidez irregular. Adrián recordaba ese periodo como una carga de llamadas, cansancio y obligaciones. También recordaba a Victoria allí, aunque en su memoria aparecía borrosa, casi como parte de la casa.

Abrió la carpeta.

Había listas de medicamentos, horarios, especialistas, cambios de humor, comidas toleradas y fechas de citas. También una hoja doblada con la letra de Victoria.

Al abuelo le tranquiliza escuchar música después de la cena. Pedir que no lo dejen solo cuando Adrián tenga junta. No le gusta admitir que se asusta.

Adrián se quedó inmóvil.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO