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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 177

La espera fue una forma de castigo.

Adrián permaneció de pie durante la primera hora, caminó durante la segunda y se quedó inmóvil frente a la sala de cirugía durante la tercera, como si mirar las puertas cerradas pudiera obligarlas a abrirse con buenas noticias. Isabel rezaba en voz baja, con las manos unidas contra la frente, mientras Ernesto estaba sentado junto a ella, rígido, con el rostro envejecido por una culpa que ya no podía ocultar.

Regina no dejaba de mirar su teléfono y Adrián se dio cuenta de eso demasiado tarde.

La urgencia por Victoria, el misterio del donante y la autorización firmada sin que nadie le explicara nada le habían ocupado la cabeza por completo, pero cuando recordó que debía seguir la ubicación de Fernanda, ese pensamiento volvió con una violencia fría.

Sacó su teléfono y abrió el rastreador. Esta vez se encontró con la nada porque la ubicación ya no estaba disponible. Marcó al número de Fernanda y este estaba apagado.

Adrián apretó la mandíbula.

—Maldita sea de seguro apago su celular.

Regina levantó la mirada de inmediato.

—¿Fernanda?

—Sí.

Isabel se secó las lágrimas con torpeza.

—Tal vez se quedó sin batería.

Adrián la miró.

—Hace unas horas su teléfono seguía dentro del hospital. Ahora no hay señal.

Ernesto se puso de pie.

—Tiene que haber una explicación.

—Eso espero.

—Adrián, Fernanda hizo algo terrible en la habitación de Victoria, sí, pero también está asustada. No sabemos qué ocurrió quizá Victoria la provoco.

La mirada de Adrián se endureció.

—Intentó desconectar equipos que mantenían estable a Victoria no quiero que nadie la defienda.

Isabel cerró los ojos con dolor.

—No la estoy defendiendo.

—Sí lo estás haciendo.

—Es mi hija.

—Victoria también.

La frase dejó a Isabel sin respuesta, y Ernesto intervino, tratando de sostener una autoridad que ya no tenía.

—Ahora lo importante es que apareció otro donante.

Adrián soltó una exhalación baja.

—¿No te parece demasiado conveniente?

—Me parece que mi hija puede vivir y es lo único que me importa.

—También a mí. Por eso no me opuse a la cirugía, pero alguien se presentó justo cuando Fernanda desapareció, y nadie quiere decirme quién es.

Regina apartó la mirada y Adrián la vio.

—¿Tú sabes algo?

—No.

La respuesta llegó demasiado rápido.

—Mírame cuando me lo digas.

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