Cuando se convenció de que no obtendría respuestas fácilmente Adrián regresó a la habitación de Victoria con una inquietud que no podía mostrarle.
La encontró ya despierta, recostada, pálida todavía, con los labios resecos y el cuerpo tan inmóvil que verlo le cerró el pecho. Había equipos a su alrededor, una enfermera revisaba discretamente las indicaciones y el sonido constante del monitor parecía recordarle que Victoria seguía ahí, viva, pero apenas regresando de un borde que nadie debió obligarla a cruzar.
Adrián se acercó sin hacer ruido.
—Victoria.
Ella abrió los ojos con esfuerzo. Tardó unos segundos en reconocerlo, pero cuando lo hizo, su mirada se suavizó apenas.
—Adrián…
Él tomó su mano con un cuidado casi reverente.
—Estoy aquí.
Victoria respiró despacio, como si cada palabra tuviera que pasar por una distancia enorme antes de salir.
—Daniel…
El nombre volvió a golpearlo.
Adrián apretó la mandíbula, pero no dejó que la reacción le alcanzara el rostro. No podía darle celos a una mujer que acababa de salir de una cirugía. No podía convertir su miedo en otra carga para ella.
—¿Qué pasa con Daniel? —preguntó con voz baja.
Victoria cerró los ojos un momento.
—Te lo dije, lo vi… en recuperación. El ya me había dicho que era compatible se que el me dono el riñón después de que Fernanda…
—¿Estás segura de haberlo visto?
Ella asintió apenas.
—Él estaba ahí. Me habló… no recuerdo bien, pero lo vi. Adrián, él me salvó.
Adrián sintió que algo frío le recorría la espalda.
—No pienses en eso ahora —murmuró—. Necesitas descansar.
—Debo agradecerle.
—Luego. Cuando estés más fuerte.
Victoria intentó apretar sus dedos.
—No quiero deberle algo tan grande a nadie y ni siquiera decirle lo agradecida que estoy.
Adrián sintió una punzada amarga.
—No es una deuda si él así lo quizo.
Ella lo observó con cansancio.
—Lo dices porque no sabes cómo se siente si yo me siento terrible no me imagino el que estando sano decidió hacer esto por mí.
Él bajó la mirada hacia su mano y la tomo entre las suyas. Quizá no sabía cómo se sentía el donar un órgano, pero si sabía lo que era amar con todo el corazón. Y el amaba a Victoria.
La enfermera se acercó.
—Señor Montenegro, debe permitirle a la paciente descansar.
Adrián asintió, pero no soltó a Victoria de inmediato.
—Voy a estar afuera.
—No te vayas.
La frase fue tan baja que casi se perdió entre los sonidos de la habitación.
Adrián se inclinó un poco más.
—Entonces no me iré. Me quedare a tu lado en todo momento.
Victoria cerró los ojos, agotada, y él permaneció junto a ella durante las siguientes horas no fue hasta que se le ocurrió de nuevo dar con Daniel que una de las enfermeras finalmente le dijo:
—El señor Reyes se encuentra en la habitación 426, está descansando. No debería recibir visitas.
Adrián no pidió permiso.
Caminó hasta la habitación indicada, tocó una vez y abrió. Daniel estaba recostado en la cama, con una vía en el brazo y el rostro apenas más pálido de lo habitual. Había una manta acomodada con demasiado cuidado y un monitor marcando signos estables. A simple vista, podía parecer un hombre en recuperación.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....