A la mañana siguiente, Isabel llegó con el rostro deshecho. Ernesto caminaba a su lado, rígido, intentando sostener una dignidad que no alcanzaba a ocultar la vergüenza. Ninguno saludó a Adrián al entrar a la habitación; ambos miraron directamente a Victoria, como si apenas entonces comprendieran que su hija menor no solo había estado al borde de la muerte por una enfermedad, sino por una violencia nacida dentro de su propia familia.
—¿Cómo sigue? —preguntó Isabel.
Adrián se apartó de la puerta.
—Los médicos dicen que las siguientes horas son importantes pero al parecer va bien.
Isabel llevó una mano a su boca.
—Gracias a Dios.
Adrián no respondió, mientras Ernesto miró hacia el pasillo.
—¿Fernanda apareció?
La pregunta hizo que Adrián se tensara.
—No.
Isabel cerró los ojos con dolor.
—He marcado toda la noche. Nada. Su teléfono está apagado.
—Lo sé.
—Quizá está asustada —dijo ella, con la voz rota—. Quizá no supo lo que hacía y huyó porque entró en pánico.
Adrián giró lentamente hacia ella.
—Fernanda entró a la habitación de Victoria, discutió con ella y desconectó equipos que la mantenían estable. Eso no fue un accidente.
—No estoy diciendo que lo sea.
—Estás intentando suavizarlo de la misma forma que mi madre, tal vez sea mejor que como ella ambos se retiren.
Isabel se estremeció.
—Como puedes decir eso, Fernanda es nuestra hija.
—Victoria también y no parece importarles. Otra vez.
El golpe de esa frase la dejó sin defensa. Isabel miró hacia Victoria, y por un instante pareció ver no a la hija fuerte, no a la hija que siempre podía entender, sino a una mujer que casi perdió la vida mientras todos seguían encontrando explicaciones para Fernanda.
Ernesto se adelantó un paso.
—Adrián, esto debe manejarse con prudencia.
Adrián soltó una exhalación amarga.
—¿Prudencia? ¿Así le van a llamar ahora?
—No queremos encubrir nada —dijo Ernesto—, pero Fernanda no aparece. Antes de tomar medidas legales, tenemos que encontrarla.
—Ella huyó.
—O alguien se la llevó. ¿No has pensado en eso?
La frase cambió el aire.
Adrián no dijo nada de inmediato. No porque no lo hubiera pensado, sino porque todavía no tenía cómo ordenar esa posibilidad sin que todo se volviera más peligroso. El teléfono de Fernanda había estado dentro del hospital. Luego desapareció la señal. Y ahora Daniel Reyes resultaba ser el salvador al terminar siendo el donante.
Isabel se acercó a Victoria.
—¿Crees que podríamos despertarla un momento para preguntarle por Fernanda?
—No. ¿Qué no ven que está dormida? Necesita recuperarse.
—Solo un momento.
Antes de que Adrián se lo impidiera de nuevo Isabel hablo;
—Hija… —susurró—. Perdóname pero… Necesitamos hablar contigo.
Victoria abrió los ojos apenas, quizá por la voz o por la presencia de su madre.
—Mamá…
Isabel rompió en llanto.
—Se que no debería hacer esto, pero ¿dime la verdad que sucedió entre tu y Fernanda?
Victoria la miró con cansancio.
—No quiero hablar de eso.
Ernesto hablo también, más contenido, pero con los ojos enrojecidos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....