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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 181

Victoria recibió el alta médica un mes después, aunque el médico insistió en que aquella palabra no significaba libertad, sino vigilancia desde otro lugar. Debía descansar, seguir indicaciones estrictas, evitar esfuerzos, cuidar cada medicamento y regresar ante cualquier señal de alarma. La operación había salido bien, pero su cuerpo seguía en una fragilidad que nadie podía ignorar.

Adrián escuchó cada instrucción como si su vida dependiera de memorizarlas.

Victoria, sentada en la cama, lo observaba sin saber qué hacer con esa atención. El hombre que antes olvidaba sus citas médicas ahora preguntaba horarios, riesgos, alimentos permitidos y señales de advertencia con una seriedad que habría parecido excesiva si no fuera porque sus ojos seguían marcados por el miedo.

—No necesitas hacerlo todo tú —dijo ella cuando el médico salió.

Adrián guardó los papeles en una carpeta.

—Lo sé.

—Entonces, ¿por qué parece que estás tomando notas para dirigir un hospital?

Él la miró, y por un segundo algo parecido a una sonrisa cansada suavizó su rostro.

—Porque no pienso fallar en lo que sí puedo cuidar.

Victoria bajó la mirada porque no sabía cómo responder a eso.

El traslado a la mansión Montenegro fue silencioso. Adrián la ayudó a subir al auto con un cuidado que no la hizo sentir débil, sino protegida. Esa diferencia la desarmó. No era la misma atención impaciente que solía darle cuando cumplía un deber familiar. Había algo distinto en cada gesto, una contención que parecía pedir permiso antes de acercarse.

Al llegar a la mansión, Clara y parte del personal esperaban en el recibidor. Victoria vio alivio en sus rostros. Algunos bajaron la mirada por respeto, otros sonrieron con timidez. Clara se adelantó con los ojos húmedos.

—Bienvenida, señora.

Victoria intentó sonreír.

—Gracias, Clara.

Regina apareció desde el salón principal con un gesto controlado. Si estaba nerviosa, lo ocultaba. Miró a Victoria de arriba abajo, no con ternura, sino con esa evaluación fría que siempre usaba para medir si alguien encajaba en el orden de la casa.

—Qué bueno que ya estás de regreso —dijo—. Aunque tendremos que ser cuidadosos. La mansión no puede convertirse en una extensión del hospital.

Adrián se detuvo.

Victoria sintió la tensión antes de que él hablara.

—¿Qué quisiste decir?

Regina levantó una ceja.

—Solo que necesitamos mantener cierta normalidad. Victoria requiere reposo, por supuesto, pero también hay asuntos familiares pendientes y una rutina que no debe alterarse por completo.

—Victoria acaba de salir de una cirugía mayor.

—No lo estoy negando.

—Entonces no hables como si su recuperación fuera una molestia logística.

El silencio cayó sobre el recibidor.

Clara bajó la mirada. Dos empleadas se quedaron inmóviles junto a la escalera. Regina sostuvo la expresión, pero Victoria alcanzó a ver el disgusto endurecerle la boca.

—Adrián, no dramatices mis palabras.

—No las disfraces.

Victoria llevó una mano al brazo de Adrián.

—No hace falta.

Él la miró, y su voz bajó de inmediato.

—Sí hace falta.

Luego volvió hacia Regina.

—Victoria no es una carga. No es una invitada y no está aquí para acomodarse a lo que a ti te parezca conveniente. Esta es su casa.

Regina soltó una respiración contenida.

—Siempre lo ha sido.

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