A la mañana siguiente después del desayuno Fernanda pidió ver a Victoria.
La solicitud llegó por medio de Clara, con un tono tan simple que habría parecido inofensiva para cualquiera. La señorita Fernanda quería hablar con su hermana un momento, nada más. Victoria dejó a un lado los documentos del proyecto y bajó al salón pequeño, donde Fernanda descansaba junto a la ventana.
Llevaba una manta sobre las piernas y una taza de té sobre la mesa. Su rostro conservaba esa fragilidad que todos protegían, pero sus ojos estaban atentos cuando Victoria entró.
—Vicky —dijo Fernanda con una sonrisa suave—. Gracias por venir.
Victoria se acercó sin prisa.
—¿Necesitabas algo?
—Solo quería hablar contigo. No hemos tenido oportunidad de estar solas.
Victoria tomó asiento frente a ella.
—Es normal. Has tenido muchos médicos y visitas.
Fernanda asintió.
—Todos están pendientes de mí. A veces me siento un poco abrumada.
—Debe ser difícil.
—Lo es —respondió Fernanda—. Despertar y encontrar todo cambiado no es sencillo.
Victoria no dijo nada.
Sabía hacia dónde podía ir esa conversación, aunque Fernanda hablara con una dulzura perfecta.
—Adrián ha sido muy bueno conmigo —continuó su hermana—. Se preocupa por cada cosa. A veces siento que nada cambió entre nosotros.
Victoria sostuvo las manos sobre su regazo.
—Me alegra que te esté ayudando.
Fernanda inclinó un poco la cabeza.
—¿De verdad?
—Eres mi hermana.
—Sí, lo soy.
La respuesta quedó flotando entre ambas.
Fernanda bajó la mirada hacia sus dedos.
—He tratado de recordar algunas cosas. Mamá dice que no debo forzarme, pero es imposible no pensar. Me dijeron que tú viviste aquí todos estos años.
—Sí.
—En la casa de Adrián.
—En la casa de mi esposo —corrigió Victoria con calma.
Fernanda levantó la vista. Su sonrisa no desapareció, pero algo en sus ojos cambió.
—Claro. Tu esposo.
Victoria no respondió.
Fernanda pasó una mano sobre la manta.
—Perdón. Aún me cuesta entenderlo. Para mí, ayer todo era distinto. Adrián y yo íbamos a casarnos. Teníamos planes. Teníamos una habitación pensada para nosotros.
Victoria sintió que la frase venía antes del golpe.
—El tiempo no se detuvo para nadie, Fernanda.
—Lo sé. Solo me pregunto cosas. No puedo evitarlo.
—¿Qué cosas?
Fernanda la miró con aparente inocencia.
—Cómo fue dormir en la habitación que iba a ser mía.
Victoria no movió un músculo.
El comentario habría podido sonar torpe. Una pregunta nacida del desconcierto. Pero la forma en que Fernanda la observaba no tenía nada de torpeza.
—Fue la habitación matrimonial de Adrián y mía —dijo Victoria.
—Sí. Eso dijeron todos.
Fernanda bajó la voz.
—¿Él hablaba de mí?
Victoria tardó un momento en contestar.
—A veces.
—¿Mucho?
—Lo suficiente para que nadie te olvidara.
Fernanda sonrió con tristeza.
—Eso debería consolarme, ¿no?
Victoria la miró con cuidado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....