La nota ocupaba el centro del noticiero. No era una mención breve ni un rumor lanzado al descuido.
Victoria Altamirano se divorcio de Adrián Montenegro tras el escándalo que rodea a ambas familias.
Victoria sintió que las palabras dejaban de tener sentido por separado y, al mismo tiempo, se volvían demasiado claras juntas. La conductora siguió hablando, pero, ella apenas alcanzó a comprender fragmentos. Mencionaban que el proceso habría sido tramitado por ella, que los documentos ya habían sido aprobados por el juez y que la ruptura estaba relacionada con su hermana, a quien la prensa colocaba como la tercera en discordia por una historia inconclusa con Adrián Montenegro.
A Victoria se le revolvió el estómago porque aquello no era solo una noticia. Era su vergüenza puesta en voz alta. Su dolor convertido en entretenimiento. Su matrimonio, su enfermedad, la recuperación de Fernanda y sus trámites privados mezclados en un relato donde ella aparecía como la esposa que finalmente aceptaba retirarse ante el regreso de la mujer que todos recordaban como destinada a Adrián.
—Victoria —dijo Daniel.
Ella no lo miró mientras la enfermera apagó un poco el volumen, incómoda.
—Señora, quizá debería sentarse.
Victoria soltó el control remoto sobre la mesa sin darse cuenta de si cayó bien o mal. Sus dedos estaban fríos. Su respiración parecía no alcanzar. Aquella fue su idea.
Ella había buscado al licenciado Rivas, pedido orientación, llevado los documentos y preguntado cómo iniciar un divorcio sin escándalos; de algún modo, había sido ella quien abrió la puerta para que ese final existiera.
Pero ¿Cómo había llegado todo a la prensa? ¿Quién sabía? ¿Quién entregó los documentos finales? ¿Qué pensaría Adrián de que ya estuvieran divorciados?
¿Se sentiría aliviado? En el fondo era justo lo que todos habían deseado y ella lo sabía.
—Victoria, espera —insistió Daniel, incorporándose apenas.
Ella dio un paso atrás porque no podía quedarse ahí. No podía responder preguntas ni escuchar a Daniel intentando calmarla, mucho menos soportar la compasión en la mirada de la enfermera. Tampoco podía seguir respirando dentro de esa habitación, donde su vida acababa de romperse frente a un televisor.
—Tengo que irme —murmuró.
—Victoria, no estás bien.
La frase de Daniel llegó cargada de preocupación, pero no alcanzó a detenerla. Ella abrió la puerta y salió sin despedirse.
El pasillo del hospital se extendió frente a ella con una claridad extraña. Personas caminando, enfermeras hablando, puertas abriéndose, camillas avanzando. Todo seguía funcionando como si el suelo no acabara de moverse bajo sus pies. Daniel la llamó desde la habitación.
—¡Victoria!
Ella no volvió la vista.
Caminó hasta el elevador, apretando el bolso contra su cuerpo. Se miró en el reflejo de las puertas y no se reconoció. Estaba pálida, con los ojos demasiado abiertos y una expresión que no quería que nadie viera.
Al llegar al vestíbulo, pidió al chofer que acercara el auto. Él apareció de inmediato, alarmado al verla.
—Señora, ¿regresamos a la mansión?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....