Adrián estaba del otro lado.
Tenía una mano apoyada entre las puertas del elevador y el rostro marcado por una tensión que ella no supo leer de inmediato. No parecía molesto. Tampoco parecía tranquilo. Había llegado con el saco abierto, la corbata apenas floja y esa expresión contenida que en otro tiempo habría bastado para imponer silencio en cualquier sala. Pero en ese instante no estaba frente a directores ni empleados.
Estaba frente a ella.
—Victoria.
Ella tardó unos segundos en encontrar la voz.
—¿Qué haces aquí?
Adrián bajó la mano cuando las puertas terminaron de abrirse. Entró al elevador sin apartar la mirada de ella, como si temiera que, si pestañeaba, Victoria fuera a desaparecer entre los pisos del edificio.
—El chofer me avisó.
Victoria se tensó.
—¿Te avisó?
—Estaba preocupado por ti.
—Le pedí que me trajera aquí, no que te reportara mis movimientos.
Adrián respiró hondo, aceptando el golpe sin defenderse de inmediato.
—Lo sé.
—Entonces, ¿por qué viniste?
Él la miró con una seriedad que no tenía nada de reclamo.
—Porque también estoy preocupado.
Victoria bajó la mirada, pero él alcanzó a ver el temblor de sus dedos alrededor del bolso, el color perdido en su rostro, la forma en que sostenía el cuerpo como si cada parte de ella se mantuviera en pie solo por voluntad.
Adrián dio un paso hacia ella.
—Victoria…
Ella retrocedió apenas.
—No.
El movimiento lo detuvo.
Antes, tal vez habría insistido. Tal vez habría cruzado esa distancia convencido de que su miedo le daba derecho a tocarla. Ahora no. Se quedó quieto, con la mano a medio camino, y ese gesto de contención la desarmó más de lo que esperaba.
—No voy a obligarte a nada —dijo él—. Pero estás pálida y apenas puedes mantenerte en pie.
—Estoy bien.
—No lo estás.
Victoria soltó una risa baja, sin alegría.
—No necesito que me lo recuerdes.
El elevador seguía abierto. Una mujer que pasó por el vestíbulo los miró con curiosidad antes de seguir su camino. Adrián presionó el botón para mantener las puertas abiertas y luego volvió a verla.
—¿Podemos salir de aquí?
Victoria quiso negarse, pero las piernas le pesaban demasiado. Además, había venido a ver a Rivas porque necesitaba saber si se podía hacer algo al respecto con lo que vio en las noticias, no porque tuviera fuerzas para huir de Adrián en medio de un edificio lleno de desconocidos.
Él esperó y ese detalle importó.
Victoria salió del elevador con pasos lentos. Adrián caminó a su lado, lo bastante cerca para sostenerla si caía, pero sin tocarla. Llegaron a una pequeña sala de espera. No había nadie. Ella se sentó en un sillón, más por necesidad que por rendición.
Adrián permaneció frente a ella.
—Vi la noticia —dijo.
Victoria cerró los ojos un instante.
—Todos la vieron.
—No todos importan.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....