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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 194

Victoria salió del despacho del licenciado con una mezcla agotadora de cansancio, miedo y claridad que todavía no sabía cómo sostener.

—¿Puedes caminar? —preguntó Adrián en voz baja.

—Sí.

La respuesta salió por costumbre, no porque fuera cierta, y cuando intentó enderezarse para avanzar, apenas alcanzó a dar dos pasos fuera de la entrada antes de que las piernas dejaran de responderle; Adrián la sostuvo antes de que pudiera caer.

—Victoria.

Su voz se quebró apenas, pero sus brazos no dudaron. La levantó con cuidado, estrechándola contra su pecho, como si sentirla tan frágil entre sus manos le arrancara años de orgullo inútil.

—Estoy bien —murmuró ella, aunque los ojos se le cerraron un instante.

—No vuelvas a decir eso cuando nisiquiera puedes sostenerte.

No sonó a regaño, sino a miedo.

Victoria quiso responder, pero el mundo volvió a inclinarse y Adrián la acomodó mejor contra él antes de bajar los escalones con una firmeza que no permitía interrupciones. Entonces escuchó un grito desde la acera.

—¡Señor Montenegro! ¿Es cierto que el divorcio ya quedó confirmado?

Un periodista apareció con una cámara en la mano. No era un equipo grande, solo un hombre con demasiada prisa y suficiente ambición para haber encontrado el edificio correcto. Adrián giró el rostro hacia él con una frialdad capaz de detener a cualquiera, pero el periodista ya había levantado la cámara.

El chofer reaccionó antes de que la situación creciera, acercó el auto hasta la entrada, abrió la puerta trasera y se interpuso lo suficiente para bloquear parte del ángulo, aunque el clic de la cámara alcanzó a escucharse.

Una foto de Victoria en brazos de Adrián, con el rostro pálido y él sosteniéndola como si nada en el mundo importara más que impedir que se rompiera.

—Sin comentarios —dijo Adrián, con una voz tan baja que sonó más peligrosa que un grito.

Entró al vehículo con Victoria en brazos y no la soltó hasta dejarla sentada junto a él. El chofer cerró la puerta, subió al asiento delantero y arrancó de inmediato, mientras durante unos segundos solo se escuchaba la respiración de ambos.

Victoria apoyó la cabeza contra el respaldo. Adrián tomó una botella de agua del compartimento lateral, la abrió y se la ofreció.

—Bebe un poco.

Ella lo miró con cansancio.

—No soy una niña.

—No. Eres una mujer que salió de una cirugía mayor, vio su vida en las noticias, fue al despacho de su abogado y casi se desploma en la calle.

Victoria aceptó la botella porque no tenía energía para discutir y bebió apenas un sorbo, mientras Adrián la observaba con una intensidad que antes la habría intimidado y que ahora parecía distinta, como si la mirara no para controlarla, sino para asegurarse de que seguía allí.

—Ese periodista tomó una foto —dijo ella.

—Lo sé.

—La van a publicar con algún titular que solo te deje mal parado.

—Probablemente.

—Van a decir cualquier cosa.

—También solo amor.

Victoria soltó una respiración temblorosa.

—No puedes contestarme así.

—¿Cómo quieres que te conteste?

—Como si entendieras lo grave que es.

Adrián bajó la mirada hacia sus manos, con la rabia contenida bajo una calma que le costaba sostener.

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