Tan pronto estuvieron a un metro de distancia se escuchó pegado al carro.
—Señor Montenegro, ¿Su cuñada fue la causa de la separación?
—¡Victoria! ¿Es cierto que usted inició el trámite?
Victoria se hundió un poco más en el asiento. Adrián no soltó su mano, aunque su expresión se endureció al ver cómo algunos reporteros se acercaban demasiado al auto.
—No mires hacia ellos —dijo en voz baja—. Solo a mí.
—Adrián…
—Estoy aquí.
El chofer abrió paso como pudo hasta entrar por las rejas. Seguridad intentó contener a los periodistas, pero varios alcanzaron a colarse lo suficiente para rodear el vehículo antes de que llegara a la entrada principal. Adrián esperó a que el auto se detuviera, bajó primero y bloqueó de inmediato el acceso hacia Victoria.
—No habrá entrevistas —dijo, con una calma que no necesitaba elevarse para imponerse—. Cualquier comunicado será emitido por nuestros representantes legales.
Los flashes no se detuvieron.
—¡Señor Montenegro! ¿Sigue considerando a Victoria como parte de su familia?
Adrián giró apenas el rostro hacia el reportero.
—Esa pregunta no merece respuesta.
Abrió la puerta trasera y se inclinó hacia Victoria. Ella intentó bajar por sí misma, pero las piernas todavía le temblaban.
—Puedo caminar —murmuró, más por vergüenza que por convicción.
—Hoy no necesitas demostrar nada.
Antes de que ella pudiera negarse, Adrián la levantó en brazos con cuidado. La sostuvo contra su pecho y avanzó hacia la entrada, mientras los periodistas se movían con ansiedad detrás de la línea de seguridad.
—¡Victoria! —gritó una mujer, acercando el micrófono cuanto pudo—. Si usted misma mandó tramitar el divorcio por la relación que su ahora exesposo sostenía con su hermana, ¿por qué sigue viviendo en la mansión Montenegro?
Victoria se quedó rígida.
La pregunta no solo la golpeó. La dejó expuesta de una forma cruel, reduciendo años de dolor, dudas y heridas familiares a una frase destinada a vender titulares.
Adrián se detuvo.
El silencio que siguió fue más tenso que el ruido.
—No vuelva a dirigirse a ella de esa manera —dijo él, sin mirar a Victoria, como si supiera que cualquier reacción suya podría hacerla sentirse todavía más observada—. Su estado de salud no es tema para una emboscada, su vida privada no está a disposición de nadie y la mansión Montenegro seguirá siendo su casa mientras ella lo decida. Nadie aquí responderá preguntas nacidas de rumores.
—Pero el divorcio ya es oficial —insistió otro periodista.
Adrián levantó la mirada.
—Y aun así mi respeto y relación con ella no depende de un documento.
Victoria cerró los ojos un instante, no lloró ahí. Se obligó a no hacerlo mientras Adrián la sostuvo con más firmeza y entró a la mansión mientras seguridad cerraba la puerta detrás de ellos. El ruido quedó afuera, amortiguado por las paredes, pero no desapareció del todo. Seguía presente como una amenaza alrededor de la casa.
Clara apareció en el vestíbulo con el rostro pálido.
—Señor… señora…
Adrián no pasó por alto su nerviosismo, aunque en ese momento Victoria pesaba más que cualquier sospecha.
—Mañana a primera hora reúne a todo el personal en el salón de servicio —ordenó—. No quiero que nadie habla con la prensa, ninguno de ustedes debe salir sin autorización y nadie deberá contestar llamadas relacionadas con este tema.
Clara tragó saliva.
—Sí, señor.
—Y asegúrate de que Camille y Mathis permanezcan juntos en su habitación. Que Élise se quede con ellos. No quiero que vean cámaras ni escuchen nada de esto aunque no hablen nuestro idioma quizá podrían entender algo y preocuparse.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....