Victoria bajó las escaleras junto a Adrián con una lentitud que todavía la incomodaba.
Él caminaba a su lado, atento a cada paso, sin tomarla del brazo porque había aprendido a no imponer ayuda donde ella no la pedía, aunque permanecía tan cerca que a Victoria le bastaba extender una mano para sostenerse. Aún se sentía débil, pero esa mañana había decidido bajar por sí misma. Después de una noche entera en aquella habitación, después de despertar junto a Adrián y de besarlo con una confianza que todavía le daba pudor reconocer, necesitaba enfrentarse al día de pie.
En el salón principal, el personal ya estaba reunido.
La cocinera, el mayordomo, dos ayudantes, los choferes, jardineros y varios empleados de seguridad aguardaban en silencio. Todos parecían tensos, pendientes no solo de Adrián, sino también de Victoria. La noticia del divorcio había convertido la mansión en un territorio incómodo, y aunque nadie se atrevía a mirar demasiado, era evidente que todos sabían más de lo que decían.
Adrián recorrió el salón con la mirada.
—Falta Clara.
El mayordomo se enderezó.
—No la he visto desde temprano, señor.
La respuesta hizo que Adrián frunciera apenas el ceño. Victoria lo notó, pero antes de que pudiera decir algo, Clara apareció por una de las puertas laterales con el rostro pálido y el uniforme ligeramente desacomodado.
—Disculpe, señor —dijo, bajando la mirada—. Me retrasé.
Adrián la observó en silencio, y aquella pausa bastó para que Clara se pusiera todavía más nerviosa.
Victoria, en cambio, se fijó en otra cosa. Recordó que antes de salir de la mansión, Clara le había mencionado que su hijo estaba enfermo, y esa preocupación volvió a ella con naturalidad.
—Clara —dijo con suavidad—, ¿todo está bien con el pequeño Eduardo?
La empleada levantó la mirada de golpe.
—Sí, señora. Gracias por preguntar.
Adrián giró apenas el rostro hacia Victoria. Eduardo, no sabía que el hijo de Clara se llamaba así. El detalle, pequeño para cualquiera, lo golpeó con una fuerza silenciosa. Había vivido años en esa casa rodeado de personas que trabajaban para su familia, y aun así era Victoria quien recordaba nombres, enfermedades, preocupaciones y ausencias. Ella había sido la que llenaba la mansión de humanidad mientras él se refugiaba en la distancia de sus responsabilidades.
Clara apretó las manos frente a su falda.
—Está mejor. Solo he tenido que revisar unas cosas relacionadas con él.
—Me alegra —respondió Victoria—. Si necesitas algo, avísame.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....