Sin embargo, Regina sostuvo la mirada de Adrián sin retroceder.
No observó a Victoria de frente, pero fue imposible ignorarla. Estaba junto a su hijo, más pálida de lo que quería aparentar y, aun así, con una dignidad que empezaba a molestarle por una razón distinta a la de antes. Regina había pasado años viéndola como un error útil, una sustituta conveniente, una mujer que ocupaba un lugar prestado. Ahora entendía que, si quería recuperar siquiera una parte de la confianza de Adrián, tendría que prestar más atención a Victoria.
No por afecto, todavía no. Sino porque subestimarla le había salido demasiado caro. El personal fue retirándose en silencio después de las últimas instrucciones. Clara intentó irse con los demás, pero Regina la observó apenas un segundo y la empleada bajó la mirada, más pálida que antes. Adrián notó el gesto, aunque no lo siguió de inmediato.
Cuando quedaron solos en el salón, la tensión volvió a concentrarse entre madre e hijo.
—Nada ha cambiado —dijo Adrián.
Regina levantó el mentón.
—Siempre tan definitivo.
—Te pedí que salieras de la mansión.
—Y yo te recuerdo que afuera hay reporteros esperando cualquier imagen para convertirla en escándalo. Si salgo ahora, dirán que me expulsaste, que la familia está rota, que Victoria me declaró la guerra o que yo intenté obligarte a algo. Elige la versión que prefieras, todas nos perjudican.
Adrián apretó la mandíbula.
—El apellido no me importa más que la seguridad de Victoria.
Regina miró apenas hacia ella. Fue un movimiento mínimo, pero calculado.
—Eso ya quedó claro.
Victoria percibió la hostilidad contenida y decidió intervenir antes de que la discusión creciera.
—Adrián, quizá tu madre tiene razón en algo. Si sale ahora, la prensa lo usará en contra de todos nosotros.
Él volvió hacia ella.
—No tienes que defenderla.
—No lo hago por ella. Lo hago porque no quiero otro problema encima.
Regina guardó silencio. Aquella respuesta le pareció más sensata de lo que esperaba, y precisamente por eso la irritó. Victoria ya no hablaba como una mujer que pedía permiso, sino como alguien agotada de vivir entre decisiones ajenas.
Adrián la estudió un segundo antes de volver hacia su madre.
—No confío en ti.
Regina soltó una respiración lenta.
—Lo sé.
Aquella aceptación sorprendió a Adrián más de lo que habría querido mostrar.
—Entonces entiendes por qué no quiero que permanezcas aquí.
—Entiendo lo que crees, pero no lo comparto.
Regina dio un paso hacia él, sin elevar la voz.
—¿Realmente piensas que habría sido tan descuidada como para manchar nuestro apellido con una filtración torpe? ¿Crees que entregaría papeles legales de una forma que me señalara directamente ante ti? Podrás acusarme de muchas cosas, Adrián, pero no de incompetente.
Victoria bajó la mirada. En eso Regina tenía un punto. La mujer podía ser manipuladora, fría y cruel, pero rara vez hacía algo sin medir consecuencias.
Adrián tampoco pasó por alto esa lógica.
—Eso no te vuelve inocente.
—No he dicho que lo sea.
El silencio que siguió fue incómodo.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....